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Discurso del Pdte Díaz-Canel traza la injerencia de EEUU con las Américas

Escrito por Miguel Santos García via OneWorld


En este discurso, que debería ser leído por todo observador de la región, el Presidente tocó temas de gran importancia histórica y geopolítica, mostrando con gran detalle cómo no ha sido la primera vez que EE.UU. ha intentado engañar a América Latina, al Caribe y al mundo entero para que acepten y legitimen una doctrina neocolonial, antimercantilista y antisoberana del Sur Global y, por tanto, imperial, del hemisferio americano, como es la Doctrina Monroe.

El pasado 8 de junio, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez pronunció un discurso ante miembros y personal de la sociedad civil cubana,excluida junto con Nicaragua y Venezuela de la IX Cumbre de las Américas organizada por EE.UU. para comenzar durante ese mismo día.

En este discurso que debe ser leído por todo observador de la región, el presidente tocó temas de gran importancia histórica y geopolítica, mostrando con gran detalle cómo esta no ha sido la primera vez que EE.UU. ha tratado de engañar a América Latina, al Caribe y al mundo entero para que acepten y legitimen una doctrina neocolonial, antimercantilista, anti soberanía del Sur Global y, por lo tanto, imperial, del hemisferio americano como lo es la Doctrina Monroe. 

Díaz-Canel ofrece con tajante nota histórica recordando a su audiencia cómo el mismo Jose Martí, prócer central de la soberanía caribeña, lidió con juegos políticos de sombras y desfachateces políticas imperiales deteniendo un complot para aislarlo políticamente en el nombre de los intereses del imperio americano por encima de toda racionalidad de mutua coexistencia inter-americana. Martí develó íntimamente cómo Estados Unidos empleaba estas tácticas de exclusión política, para escoger y elegir lo que consideraba que eran los países y los líderes que merecían ser escuchados y congregados como miembros de un grupo regional común autorizado: “José Martí, hace 130 años después de asistir a la Conferencia Monetaria, un convite interesado del pujante Estados Unidos a las jóvenes repúblicas de Nuestra América en aquel entonces. Acreditado por el gobierno de Uruguay, país del que era cónsul general en Nueva York desde 1887, Martí, al parecer, casi fue excluido por inexplicables demoras y excusas mentirosas del Departamento de Estado”. 

El presidente arremetió contra las políticas neocoloniales de sabotaje económico y de ‘divide y vencerás’ geopolítico desplegadas por el imperio anglosajón, comparando sobre cómo de igual manera ahora en la actualidad “el gobierno estadounidense convocó la IX Cumbre hemisférica […] con participación discriminatoria e insuficiente representación regional. En el caso de Cuba, la exclusión no fue solo contra el gobierno, sino también contra los representantes de la sociedad civil y los actores sociales […] los Estados Unidos no se conforman ya con determinar quién y cómo debe ser el gobierno cubano. Ahora se proponen definir quiénes son los representantes de la sociedad civil, y qué actores sociales son legítimos y cuáles no.” 

Sería muy útil para los lectores interesados entender las implicaciones en las relaciones internacionales y mercantiles en plena era multipolar accesando el artículo de Andrew Korybko titulado “La Cumbre de las Américas del próximo mes se perfila como una demostración de cuán aislado está EEUU”. El autor  reseña cómo los países latinoamericanos se están convirtiendo en focos de poder autónomos justo en plena transición sistémica global hacia la multipolaridad, lo que desacredita la insinuación propagandística estadounidense de haber vuelto a su antiguo estatus de superpotencia en los últimos meses.

Washington considera a América Latina como su patio trasero, una caja de arena controlada y regulada por EE.UU. en la que este país puede moldear y configurar las jerarquías y las relaciones económicas con las poblaciones soberanas de la región. Cuando se emergen gobiernos que se apartan de las fórmulas económicas indicadas por EE.UU. con las cuales gobernar sus países, se convierten rápidamente en un lastre que justifica algún tipo de intervención siempre que el imperio lo considere necesario. Esta viciosa política neocolonial de dividir, obstaculizar y desmembrar el hemisferio americano no es nada nueva para Estados Unidos, se puede decir que la mayor parte de su política exterior hacia América Latina y el Caribe ha sido guiada dentro de los confines de la doctrina Monroe que facilita la administración neocolonial de las Américas. 

El presidente Miguel Díaz-Canel Bermúdez hizo mención de los países excluidos de la IX Cumbre de las Américas: “Nos honra encabezar esa lista junto a los líderes de Venezuela y Nicaragua y junto a ustedes, genuinos representantes de nuestro pueblo. Como nos honra la gallarda solidaridad de Andrés Manuel López Obrador, de Lucho Arce, de Xiomara Castro, de los líderes caribeños que han rechazado enfáticamente las exclusiones y de otros que seguramente lo harán en el transcurso de la propia Cumbre […] El espectáculo publicitario dirigido a la politiquería interna de los Estados Unidos no podrá ocultar la falta de interés real de ese gobierno por atender los problemas más graves e inmediatos de los pueblos de América Latina y el Caribe.”

De igual forma, Díaz-Canel comprende que dada la naturaleza engañosa y puramente propagandistica del evento muchos problemas políticos, económicos y financieros severos quedan desatendidos, al ser tocados en la Cumbre en Los Ángeles: “el terrorismo, incluyendo el terrorismo de Estado, y la manipulación del tema con fines políticos no son puntos de la agenda. No se confirmará el derecho argentino sobre la Malvinas, ni el derecho de Puerto Rico a la independencia.” Para Cuba esta centralidad de la soberanía es innegociable. Por lo que la más clara violacion a la soberanía cubana y regional es el bloqueo contra la isla-nación comunista que ha sido condenado internacionalmente en repetidas ocasiones.

Por supuesto que Cuba y las demás naciones latinoamericanas tienen diferencias entre sí, algunas difieren en sistemas políticos y económicos, estrategias, recursos y conocimientos técnicos, pero si se respetase la soberanía de cada nación, se ha demostrado que la región no solo puede mantener relaciones estables, sino que, en general, la producción, la eficiencia y el tránsito de bienes y servicios se fortalecen para todos. Se reconoce lo imperativo de diversificación de prácticas económicas y el derecho soberano de elegir cuáles son los mejores métodos para promover los intereses del mayor número de sus habitantes, por lo que el presidente enfatizó que “los latinoamericanos y caribeños no nos consideramos patio trasero, ni patio delantero de nadie. Es una noción que nos ofende y la rechazamos […] al constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, la CELAC, los países de nuestra región reafirmamos el apego irrestricto a la defensa de la soberanía, la independencia y la autodeterminación. Al promover la necesaria unidad e integración regional, enraizamos el compromiso de respetar la diversidad entre nosotros. En esta región compartimos países grandes y pequeños; los que son ricos en recursos naturales y los que carecen de ellos; los que exportan hidrocarburos o energía eléctrica y los que la importan; los grandes productores de alimentos y los que necesitan del comercio exterior para satisfacer sus necesidades.”

Además de limitar la comunicación y las relaciones políticas y económicas dentro de la región y sus diversos estados, la doctrina Monroe aísla el potencial mercantilista, filtrando quién puede hacer negocios con las naciones del patio trasero estadounidense. Estas restricciones económicas anticapitalistas impuestas al hemisferio americano por los Estados Unidos se aplican en todos los ámbitos, ya que son limitaciones de facto impuestas al crecimiento económico, por ejemplo, energía, la eficiencia de la mano de obra, los conocimientos tecnológicos, la educación en general y los conocimientos industriales y mercantiles tienen por objeto reducir la capacidad del Caribe y Latinoamérica de producir, intercambiar y existir con el mundo.

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