¿Acaban de Nacionalizar la Fed?

Escrito por Ellen Brown via EllenBrown.com

¿Acaba de nacionalizar el Congreso la Fed? No, pero la puerta para hacerlo está ya abierta.

Los políticos del mainstream han insistido desde hace tiempo que el Medicare para todos, el ingreso básico universal, el alivio de la deuda de los estudiantes y una serie de otros programas públicos muy necesarios están fuera de discusión debido a que el Gobierno federal no puede pagarlos. Pero eso fue antes de que Wall Street y la bolsa de valores se vieran empujados hacia los servicios de emergencia del estado por un virus. El Congreso ha descubierto de repente el árbol mágico del dinero. Sólo tomó unos pocos días para que el Congreso aprobara unánimemente la Coronavirus Aid, Relief, and Economic Security Act (CARES), (Ley de ayuda, socorro de emergencia y seguridad económica contra el coronavirus) que repartirá $2,2 trillones en alivio de la crisis, la mayor parte de los cuales irá a la America Corporativa, sin apenas condiciones. Además, la Reserva Federal está poniendo a disposición de los bancos, hedge funds y otras entidades financieras de todo tipo más de $4 billones; ha reducido el tipo de interés de los fondos federales (la tasa a la que los bancos piden prestado entre sí) efectivamente a cero, y ha puesto $1,5 trillones a disposición del mercado de repos.

Y será también la Reserva Federal quien pagará la factura por esta bonanza, al menos para empezar. El banco central de EE.UU. ha abierto las compuertas a una expansión cuantitativa ilimitada, comprando títulos del Tesoro y títulos respaldados por hipotecas “en las cantidades necesarias para apoyar sin obstáculos las funciones del mercado.” El mes pasado, la Fed compró $650 billones en valores federales. A este paso, señala Wall Street on Parade, la Fed será dueña de todo el mercado del Tesoro en unos 22 meses. Como reconoció el presidente de la Fed de Minneapolis, Neel Kashkari, en el programa de televisión 60 Minutos: “Hay una cantidad infinita de efectivo en la Reserva Federal.”

En teoría, la expansión cuantitativa es sólo una medida temporal, reversible mediante la venta de bonos en el mercado cuando la economía se recupere. Pero en la práctica, hemos visto que dicha expansión cuantitativa es una vía de un solo sentido. Cuando los bancos centrales han tratado de revertirla mediante un “ajuste cuantitativo”, las economías se han contraído y los mercados de valores se han hundido. Así que es probable que la Fed siga refinanciando los bonos, que es lo que normalmente sucede de todos modos con la deuda federal. La deuda nunca se paga realmente, sino que simplemente se renueva de año en año. Sólo se debe pagar los intereses, a un monto de $575 billones en el 2019. La ventaja de que los bonos estén en posesión de la Fed en lugar de estar en manos de tenedores privados, es que la Fed reembolsa sus ganancias al Tesoro después de deducir sus costos, haciendo que los préstamos sean virtualmente sin intereses. Los préstamos sin interés renovados indefinidamente son en efecto dinero gratis. La Fed está “monetizando” la deuda.

¿Qué obtendrán los individuos, las familias, las comunidades y los gobiernos estatales y locales de este rescate masivo? No gran cosa. Las personas individuales que se considere que cumplen los requisitos recibirán un pago único muy modesto de $1,200, además, y los beneficios de desempleo se han ampliado por los próximos cuatro meses. Para los gobiernos locales se han asignado $150 billones para el alivio de la crisis, y uno de los Special Purpose Vehicles, recientemente ampliados por la Fed, comprará bonos municipales. Pero no hay ninguna provisión para reducir la tasa de interés de los bonos, que normalmente es del 3 ó 4 por ciento, más los altos honorarios del vendedor de bonos y los impuestos no percibidos en las emisiones libres de impuestos. A diferencia del gobierno federal, los gobiernos municipales no percibirán el reembolso de los intereses de sus bonos.

Obviamente, los contribuyentes han sido engañados en este trato. David Dayen lo llama “un atraco en curso”. Pero ha habido algunas medidas prometedoras que podrían aprovecharse en beneficio de la población. La Fed ha abandonado evidentemente su tan cacareada “independencia” y ahora opera ya en colaboración con el Tesoro. En cierto sentido, ha sido nacionalizada. Sin embargo, una verdadera asociación, haría que la máquina de impresión estuviera disponible para algo más que solo la compra de activos corporativos tóxicos. Un banco central gestionada como una utilidad pública podría financiar programas diseñados para impulsar la economía, estimular la productividad y, en general, servir al público.

Sacar Provecho al Banco Central

La razón por la que la Fed está trabajando ahora con el Tesoro es que necesita que el Tesoro le ayude a rescatar un sector financiero agobiado por una avalancha de activos dudosos que están perdiendo valor rápidamente. El problema para la Fed es que sólo se le permite comprar o prestar contra valores con garantías del Gobierno, incluyendo valores del Tesoro, valores de agencias federales respaldados por hipotecas, deuda emitida por Fannie Mae y Freddie Mac, y, (posiblemente), valores municipales. Para evitar ese problema, como Wolf Richter explica:

“El Tesoro creará (o resucitará) una serie de Special Purpose Vehicles (SPV) para comprar todo tipo de activos financieros, respaldados por $425 billones en garantías colaterales convenientemente suministrados por el contribuyente estadounidense a través del Fondo de Estabilización Cambiaria. La Fed prestará a los SPV contra esta garantía colateral que, cuando se apalanque, podría financiar con hasta $4-5 trillones en compras de activos.

Esto incluye bonos municipales, hipotecas no extendidas por organismos públicos, bonos corporativos, papel comercial y toda serie de valores respaldados por activos. Las únicas cosas que el gobierno no puede comprar (de forma transparente, por el momento) son acciones cotizadas públicamente en la bolsa y bonos de alto rendimiento.

A diferencia de la flexibilización cuantitativa (QE), en la que la Fed traslada los activos a su propio balance, ahora el Tesoro comprará activos y préstamos de respaldo a través de los SPV que el mismo Tesoro poseerá y controlará. Los SPV son una especie de banco en la sombra, que, como todos los bancos, crean dinero “monetizando” la deuda o convirtiéndola en algo que se puede gastar en el mercado. El SPV decide qué activos comprar y pide prestado al banco central para hacerlo. El banco central entonces crea pasivamente los fondos, que se utilizan para comprar los activos que respaldan el préstamo. Como Jim Bianco escribió en Bloomberg:

“En otras palabras, el gobierno federal está nacionalizando grandes franjas de los mercados financieros. La Fed está proporcionando el dinero para hacerlo. BlackRock hará las transacciones. Este esquema esencialmente fusiona a la Reserva Federal y al Tesoro en una sola organización”

En efecto, la Fed está dando al Tesoro acceso a su imprenta. Esto significa que, en el extremo, la administración sería libre de utilizar su control, no el control de la Fed, sino de estos SPV para ordenar a la Fed que imprima mucho más dinero para poder comprar valores y entregar préstamos en un esfuerzo por elevar los mercados financieros camino a las elecciones.

De los SPV designados, ninguno sirve actualmente a un propósito público más allá de reflotar los mercados, pero podrían ser diseñados para tales propósitos. Los contribuyentes están comprometidos para reponer los $425 billones del Fondo de Estabilización Cambiaria, y por lo tanto deberían tener derecho a participar en los beneficios. El Congreso podría designar un SPV para financiar sus proyectos de infraestructura y esos servicios públicos tan necesarios, entre otros el Medicare para todos, un ingreso básico universal, el alivio de la deuda de los estudiantes y programas similares. También podría adquirir una participación mayoritaria en bancos insolventes o despilfarradores, compañías farmacéuticas, petroleras y otros delincuentes y regularlos de manera que sirvan al interés público.

Otra posibilidad sería que el Congreso financiara estos programas de la forma habitual mediante la emisión de bonos del Tesoro, pero firmando primero un acuerdo de asociación por el que el banco central comprara los bonos, los refinanciara indefinidamente y reembolsara los intereses al Tesoro. Es así como el Primer Ministro japonés Shinzo Abe ha financiado sus programas de estímulo, sin ninguno de los efectos inflacionarios previstos sobre los precios al consumidor. De hecho, el índice de precios al consumidor japonés está rondando el 0,4%, muy por debajo incluso del objetivo del 2% del banco central, aunque el Banco de Japón ha monetizado casi la mitad de la deuda del gobierno. La mitad de la deuda de EEUU sería de más de 11 trillones. Asumiendo que 6 trillones irían para los actuales rescates corporativos, eso significa que otros 5 trillones podrían ser monetizados con seguridad para programas que beneficien a individuos, familias y gobiernos locales. (Cómo lograrlo sin aumentar los precios al consumidor será el tema de otro artículo.)

Rescate de los Gobiernos Estatales y Locales

Los gobiernos estatales y locales, que están en la primera línea de la prestación de servicios de emergencia, en su mayoría han quedado fuera de la bonanza del rescate. Mientras esperamos alguna medida del Congreso, la Fed podría poner a disposición de los gobiernos locales préstamos baratos utilizando sus poderes actuales en virtud de la Ley de la Reserva Federal Sec. 14(2)(b), que autoriza a la Fed a comprar los billetes, bonos y notas de los gobiernos estatales y locales con vencimientos de seis meses o menos. Dado que los gobiernos locales deben balancear sus presupuestos, estos préstamos tendrían que ser reembolsados, pero los préstamos podrían prorrogarse renovándolos durante un período razonable, como se hace con los préstamos repo y la deuda federal; y los préstamos podrían hacerse al mismo tipo de interés de casi cero que los bancos utilizan actualmente para pedir prestado. Los gobiernos estatales y locales son al menos tan solventes como los bancos – tienen una base de contribuyentes y activos masivos. De hecho, el sector de la banca privada habría sido declarado insolvente hace mucho tiempo si no fuera por los “bolsillos profundos” del banco central y los rescates del Gobierno federal, incluido el esquema de seguros de la FDIC que rescató a los bancos de la quiebra en la Gran Depresión.

Hay una manera en que los gobiernos estatales y locales pueden aprovechar las tasas de interés cercanas a cero disponibles para los bancos, incluso sin la intervención del gobierno federal. Pueden crear sus propios bancos de propiedad pública. Además de darles la capacidad de pedir prestado mucho más barato, tener sus propios bancos les permitiría apalancar sus fondos de préstamo. Un fondo rotatorio de $100 millones que emita préstamos al 3% le daría a ese estado $3 millones al año. Si esos mismos $100 millones se usaran para capitalizar un banco, éste podría emitir diez veces esa suma en préstamos, recaudando $30 millones por año. Los costos tendrían que ser deducidos de esas ganancias, incluyendo el costo de los fondos, pero el costo de los fondos es bastante bajo para los bancos hoy en día. Pueden pedir prestado para satisfacer sus necesidades de liquidez en su propia reserva de depósitos, o al 0,25% en el mercado de fondos federales, o aproximadamente al mismo tipo en el mercado de repos, que ahora cuenta con el respaldo del banco central.

Las flagrantes disparidades en la respuesta del Congreso a la crisis actual han arrojado una luz brillante sobre cómo nuestro sistema financiero está manipulado contra el pueblo a favor de una élite rica. La crisis es el momento en que cambio tiene lugar; este es el momento para que los defensores se unan para exigir cambio en nombre del pueblo. Como el economista griego Yanis Varoufakis amonesto en un reciente post:

Esta nueva fase de la crisis pone de manifiesto, como mínimo, que todo vale – que todo es ahora posible… Que la epidemia produzca una sociedad buena o la mas malvada dependerá (…) en si los progresistas logran unirse. Porque si no lo hacemos, justo como en el 2008 no lo hicimos, los banqueros, los vividores, los oligarcas y los neofascistas demostrarán, una vez más, que son ellos los que saben cómo no desperdiciar una buena crisis.

Ellen Brown preside el Public Banking Institute y ha escrito trece libros, incluyendo su último, Banking on the People: Democratizing Money in the Digital Age. También es co-anfitriona de un programa de radio en PRN.FM llamado “It’s Our Money“. Sus más de 300 artículos de blog están publicados en EllenBrown.com.

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