Occidente no quiere que el mundo sepa que Rusia acaba de salvar la cosecha de Brasil este año

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Los elogios del Ministro de Agricultura brasileño a Rusia por haber salvado la cosecha de su país este año gracias a su última exportación de fertilizantes desacreditan las afirmaciones de los medios de comunicación dominantes de que Moscú está detrás de la crisis alimentaria mundial, ya que en realidad está haciendo todo lo posible por resolverla.

La mayoría de los medios de comunicación occidentales dirigidos por Estados Unidos (MSM) están ignorando llamativamente los elogios que el ministro de Agricultura brasileño, Marcos Montes, dedicó la semana pasada a Rusia por haber salvado la cosecha de su país este año gracias a su última exportación de fertilizantes al gigante sudamericano.

Moscú es el mayor proveedor de Brasilia de este recurso, que a su vez permitió a ese país convertirse en una potencia agrícola mundial. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señaló en un informe que “la agricultura comprende alrededor del 10 por ciento del PIB, emplea cerca del 20 por ciento de la mano de obra y representa alrededor del 20 por ciento de los ingresos por exportaciones“, mientras que el Servicio de Investigación Económica del Departamento de Agricultura de Estados Unidos informó de que Brasil es “uno de los exportadores agrícolas más competitivos del mundo” e incluso un competidor de su país.

Nada de esto habría sido posible sin el fertilizante ruso, que en el contexto contemporáneo de la crisis alimentaria fabricada artificialmente ha ayudado a garantizar una apariencia de estabilidad en el mercado mundial. Si Moscú no hubiera seguido exportando este recurso a Brasilia, la situación en algunas partes del mundo sería mucho peor a finales de este año si la cosecha de ese país no se hubiera salvado como acaba de decir su ministro de Agricultura.

Esta observación desacredita las afirmaciones de los medios de comunicación de que Rusia está detrás de esta crisis, ya que realmente está haciendo todo lo posible para resolverla. Por el contrario, Kiev exigió oficialmente armas a cambio de reanudar las exportaciones marítimas de trigo, lo que demuestra que es él quien está armando esta crisis que, en realidad, es atribuible a factores anteriores a la actual operación militar especial de Rusia.

También hay otra dimensión en todo esto, y es la geoeconómica en el contexto de la transición sistémica global hacia la multipolaridad. El ministro ruso de Finanzas, Siluanov, pidió la semana pasada que los BRICS coordinaran sus acciones contra los riesgos económicos mundiales, tras lo cual el presidente de la Duma, Volodin, describió a Brasil como parte de las “Ocho Grandes” economías multipolares que ya superan colectivamente al G7. El Kremlin entiende claramente la importancia de Brasil en la transición sistémica global, incluso si ha disminuido comparativamente un poco en los últimos años bajo el liderazgo de Bolsonaro, amigo de Estados Unidos. Sin embargo, hay que recordar que el presidente Putin reconoció anteriormente al ex presidente Temer, que llegó al poder como resultado de un golpe de estado orquestado por Estados Unidos e incluso fue agente de la CIA en una ocasión.

El líder ruso fue preguntado al respecto por un periodista en la Cumbre de los BRICS de 2016, durante la cual dijo que “no sé quién ha sido reclutado y dónde, y no me importa. Ya sabe, la gente a cierto nivel se guía por los intereses de su propio país, estado y pueblo. No puedo imaginar, ni siquiera teóricamente, que sea posible un enfoque diferente. Simplemente, no puedo ni imaginarlo. Siempre trabajamos con los representantes de un gobierno y tratamos de construir relaciones interestatales positivas y de confianza”. Esto confirma el carácter flexible y no ideológico de la política exterior rusa, que en el contexto actual se practica al seguir cultivando estrechos lazos con Brasil a pesar de estar dirigido por Bolsonaro, afín a los Estados Unidos, que cabe mencionar que había visitado Moscú días antes de que comenzara el conflicto ucraniano.

Aunque es de suponer que Moscú preferiría que el ex presidente Lula volviera al cargo a finales de este año debido a la visión multipolar mucho más sólida y sincera de ese líder, realmente no tiene mucho de qué quejarse cuando se trata de Bolsonaro, bajo cuyo liderazgo Brasil desafió la presión de Estados Unidos para imponer sanciones contra Moscú, aunque votó en contra en la ONU bajo la presión de Washington. Sea como fuere, esta muestra simbólica de lealtad al hegemón unipolar en declive no cambió la excelente sustancia de las relaciones ruso-brasileñas, como lo demuestra el hecho de que Moscú salvara la cosecha de Brasilia este año. Eso sólo demuestra que la gran potencia euroasiática seguirá haciendo todo lo posible para ayudar a su homólogo sudamericano, que también es, de manera importante, su socio en el BRICS y en el nuevo grupo de los Grandes ocho.  

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