India expuso cortésmente la provocación antirrusa en la que Japón trató de involucrarla

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Puede resultar incómodo para India aceptar que un socio de tanta confianza como Japón acabe de intentar interferir en sus relaciones con Rusia, pero esa es la realidad tal y como parece, dada la secuencia de acontecimientos que acaba de producirse.

A principios de esta semana estalló un escándalo en el seno de la Cuadrilateral después de que India se negara a permitir que un avión de las “Fuerzas de Autodefensa” (SDF) de su socio japonés recogiera en el país suministros humanitarios destinados a Polonia y Rumanía. Sin embargo, Nueva Delhi se apresuró a aclarar que “hemos transmitido nuestra aprobación para recoger dichos suministros desde India utilizando aviones comerciales”.

The Hindu señaló que, obviamente, India prefiere el uso de aviones civiles a los militares, como el avión de las Fuerzas de Autodefensa que se envió inicialmente en esta misión, ya que el Estado del sur de Asia practica con mucho orgullo una política de neutralidad de principios. Sigue haciéndolo a pesar de la inmensa presión estadounidense para que condene públicamente a Rusia por su actual operación militar especial en Ucrania. Dado que el escándalo ya se ha aclarado, es hora de analizar exactamente por qué ocurrió y qué puede significar todo lo relacionado con él.

India y Japón mantienen excelentes relaciones y cooperan estrechamente de forma bilateral y a través de la Quad, junto con Estados Unidos y Australia. Oficialmente, están impulsados por la búsqueda de resultados mutuamente beneficiosos que supuestamente no están dirigidos contra ningún tercero, aunque la mayoría de los observadores sospechan que la preocupación compartida por el ascenso de su vecino chino mutuo ha desempeñado un papel en el acercamiento durante la última década al ritmo acelerado en que se han desarrollado sus relaciones desde entonces.

Sea o no el caso, tampoco se puede negar que estos dos socios estratégicos practican políticas diferentes hacia Rusia: La de India es de neutralidad de principios, mientras que Japón ha cumplido obedientemente las exigencias de su señor estadounidense de sancionar a esa Gran Potencia euroasiática, aunque se haya negado a abandonar su proyecto energético de Sajalín con el pretexto de que hacerlo ayudaría de algún modo a Moscú.

Sin embargo, los dirigentes japoneses parecen creer que lo mejor para sus intereses nacionales es asumir un papel más destacado en la campaña antirrusa de su señor estadounidense, en la medida en que sea posible, dadas las limitaciones de Tokio en este sentido. Con esto en mente, parece haber tramado involucrar a India en una provocación antirrusa enviando su avión de las Fuerzas de Autodefensa para recoger ayuda humanitaria en ese país de camino a los vecinos de la OTAN de Ucrania en Europa Central.

Si Nueva Delhi hubiera aprobado su aterrizaje, la óptica habría sido tal que Moscú podría haberse preguntado por qué su socio estratégico especial y privilegiado permitiría que un avión militar de un país recientemente designado como no amigo (cuya categoría legal se refiere a estados como Japón y los de la UE que han sancionado a Rusia) llevara a cabo esta misión humanitaria cuando podría haberse utilizado uno civil en su lugar.

Los estrategas de India son muy sabios y conocen muy bien a sus aliados de facto rusos, por lo que no iban a dejarse arrastrar a esta provocación por su compañero de la Quad. Por eso se negaron a autorizar el aterrizaje del avión de las Fuerzas de Autodefensa (SDF), ya que Japón debería haber sabido enviar un avión civil para llevar a cabo esta misión humanitaria. La decisión de Tokio de enviar uno militar sugiere que tenía la intención de causar problemas en las relaciones ruso-indias en el caso de que Nueva Delhi no se diera cuenta de lo incómoda que hubiera sido la óptica desde la perspectiva de Moscú si permitía que se produjera ese aterrizaje. Esto lleva a la conclusión de que la intromisión de Japón en la política exterior de India con uno de sus principales socios en cualquier parte del mundo podría haber sido a instancias de Estados Unidos. Después de todo, Estados Unidos no quiere otra cosa que arruinar su especial y privilegiada asociación estratégica.

Puede resultar incómodo para India aceptar que un socio de tanta confianza como Japón acaba de intentar interferir en sus relaciones con Rusia, pero esa es la realidad tal y como parece, dada la secuencia de acontecimientos que acaban de ocurrir y la forma en que previsiblemente se habrían interpretado desde la perspectiva rusa si Nueva Delhi hubiera autorizado a esas Fuerzas de Autodefensa a aterrizar en su territorio para llevar a cabo esa misión humanitaria en Polonia y Rumanía. Resulta que esos dos miembros centroeuropeos de la OTAN albergan también elementos del llamado “escudo antimisiles” de Estados Unidos, que Rusia considera una amenaza para su seguridad nacional, sobre todo por su potencial latente de erosionar gradualmente sus capacidades nucleares de segundo ataque y, por tanto, de inclinar la balanza estratégica a favor de Estados Unidos. Conocedora de esta dinámica militar-estratégica y de poder blando, India se negó sabiamente a permitir el aterrizaje del avión de las Fuerzas de Autodefensa.

De cara al futuro, no se puede descartar que los países en los que antes confiaba Nueva Delhi lancen más provocaciones astutas de este tipo contra la Asociación Estratégica Ruso-India. Estados Unidos ya está llevando a cabo una campaña de guerra de la información cada vez más intensa contra ella, mientras que Japón acaba de intentar engañarla para que haga algo que habría complicado sus vínculos con Rusia si este complot hubiera tenido éxito.

Australia es el último miembro que queda de la Cuadrilateral cuyas agencias de inteligencia aún no han lanzado su propia operación de intromisión contra India, por lo que habría que vigilarlos muy de cerca por si deciden hacer un intento de este tipo para señalar su fidelidad a su señor estadounidense. Esperemos que los socios de India reconsideren la conveniencia de arriesgarse a perder la confianza que tanto les costó ganar en la última década y dejen de presionarla por diversos medios para que se distancie de Rusia.

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