¿Fue el escándalo diplomático pakistaní-cubano un paso en falso o un desliz freudiano?

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


La lección que deberían aprender las nuevas autoridades es que todos los comentarios sobre otros países deben ser cuidadosamente pensados para no alimentar involuntariamente la narrativa del ex primer ministro Khan sobre su ascenso al poder. Menospreciar a un socio como Cuba sólo para hacer un punto partidista contra el gobierno anterior no fue la jugada más sabia.

El ministro paquistaní de Planificación y Desarrollo, Ahsan Iqbal, provocó involuntariamente un escándalo diplomático tras declarar durante una rueda de prensa que no quiere que su país se convierta en Cuba. El comentario se hizo en respuesta al ex primer ministro Imran Khan, que había elogiado a esa nación insular por su política exterior independiente. Fue destituido a principios de este mes en una moción de censura que, según él, fue un cambio de régimen orquestado por Estados Unidos como castigo por su política exterior independiente, en particular su dimensión rusa, pero que la oposición insiste en que fue un proceso constitucional y, por tanto, perfectamente legal. Su destitución condujo directamente a la crisis política más intensa del país en décadas, que posteriormente ha provocado la polarización de la sociedad sobre la trayectoria futura de Pakistán.

El comentario del ministro Iqbal no fue apreciado por el embajador cubano en Pakistán, Zéner Caro, quien tuiteó lo siguiente mientras enlazaba a un artículo que citaba las declaraciones del primero: “Afortunadamente, la irrespetuosa mención del ministro Ahsan Iqbal (@betterpakistan) a Cuba en su conferencia de prensa en Lahore no representa ni tiene nada que ver con el verdadero respeto y el profundo afecto de los pakistaníes por Cuba”. Eso hizo que el ministro Iqbal le respondiera con este tuit “¡Excelencia! Tenemos un profundo respeto por el pueblo de Cuba y nuestras profundas relaciones de afecto con Cuba. No podemos olvidar cómo los médicos cubanos desempeñaron un papel heroico tras el terremoto de 2005 en Pakistán. Mis comentarios fueron sólo en el contexto de la política exterior. @ZenerCaro”.

Poco después, la ex ministra de Derechos Humanos, Shireen Mazari, compartió varios tuits críticos con el actual ministro de Planificación y Desarrollo. Escribió: “La ignorancia de Ahsan Iqbal o su desesperado deseo de complacer a sus amos de la conspiración del cambio de régimen de Estados Unidos le ha llevado ahora a degradar a Cuba diciendo que no quiere que Pakistán se convierta en Cuba. Nos iría mucho mejor si tuviéramos el compromiso nacionalista de Cuba de enfrentarse al acoso de Estados Unidos. A nuestros ciudadanos les iría mucho mejor si hubiéramos desarrollado un sistema de salud pública como el de Cuba, reconocido como uno de los mejores del mundo. A nuestra gente le habría ido mucho mejor si el bienestar social hubiera sido nuestra prioridad como en Cuba”.

La ex ministra Mazari continuó añadiendo que “Cuba es un país que luchó mucho para ganar la libertad y librarse de la injerencia de Estados Unidos, que había impuesto una cláusula en la Constitución cubana para mantener el control sobre sus políticas: la Enmienda Platt. Castro se deshizo de ella. Lamentablemente, Pak no necesita ni siquiera una Prov formal para sucumbir al dictado de Estados Unidos. Recordemos también la ayuda de este pequeño pero fuerte Estado nacionalista a un país lejano de África, Angola, en su lucha por la independencia contra una brutal colonización. Por último, no olvidemos la ayuda que nos prestó Cuba en el terremoto de 2005, seguida de becas de salud pública”.

Su última crítica fue escribir: “Vergüenza debería darle a Ahsan Iqbal por insultar a nuestra amiga y orgullosa nación Cuba. Incluso ser un títere de los Estados Unidos debería tener algunos límites: ¡no insultes a otros países por culpa de los Estados Unidos! #MarchAgainstImportedGovt”. La aportación de la ex ministra Mazari alimentó las especulaciones de que el actual ministro Iqbal no sólo cometió un paso en falso al mencionar a Cuba de forma negativa durante su reciente rueda de prensa, sino que, como mínimo, podría haber tenido un desliz freudiano al compartir su visión del mundo, si no que faltó deliberadamente al respeto a ese país para complacer a los mismos estadounidenses que, según ella, le llevaron a él y al resto de las nuevas autoridades al poder. Por lo tanto, vale la pena analizar esto más profundamente.

Sólo hay dos explicaciones realistas para lo que acaba de ocurrir: la primera es que fue un paso en falso y la segunda es que fue un desliz freudiano. La última teoría, que alega que lo hizo a propósito, presupone que tenía la intención de hacer la comparación durante su conferencia de prensa, lo que probablemente no fue el caso, independientemente del papel especulativo que Estados Unidos pudo haber jugado en llevar a él y al resto de las nuevas autoridades al poder. Por ello, esta explicación queda descartada del presente análisis, que sólo se centrará en las dos más realistas. En cuanto al paso en falso, sí es posible, sobre todo teniendo en cuenta lo tensa que es la situación política interna en estos momentos.

Los elogios del ex primer ministro Khan a la política exterior independiente de Cuba fueron interpretados por sus oponentes como un ejemplo más de su supuesto “antiamericanismo” y no como lo veían sus partidarios, que era una expresión de su visión del mundo apasionadamente pro-paquistaní. Los que sustituyeron a su gobierno claramente no están de acuerdo con su forma de ver el mundo y puede que incluso se sintieran incómodos cada vez que la compartiera, por lo que sería natural que trataran de refutar algunos de sus puntos más memorables en cada oportunidad que tuvieran. Esto podría explicar por qué el ministro Iqbal podría haber tenido la improvisada idea de hacer lo que en su mente pensaba que era una inteligente réplica partidista.

La segunda explicación se basa en la primera y especula que su visión del mundo es en realidad comparativamente más proamericana que la del anterior gobierno, por decirlo suavemente. Esta línea de pensamiento implica que su comentario crítico sobre Cuba no fue sólo un paso en falso, sino un desliz freudiano que revela más sobre su visión del mundo, y por insinuación también la de las nuevas autoridades. Si ese fuera el caso, entonces insinuaría que él -y por posible extensión, el resto de las nuevas autoridades- están en contra del principio mismo de tener una política exterior independiente porque podrían creer que no vale la pena el costo que les impondría Estados Unidos por practicarla.

Esta visión del mundo presupone que Pakistán seguirá siendo eternamente el socio menor de Estados Unidos, atrapado para siempre en una relación desigual con este país en la que sólo una minoría de la población prospera. Para dar a sus partidarios el beneficio de la duda, es posible que simplemente piensen que Pakistán nunca tendrá las capacidades integrales para sostener políticas independientes, por lo que debería conformarse con lo que pueda obtener de esta relación ciertamente dominada por Estados Unidos. Aunque se respeta el derecho de cada uno a tener las creencias que quiera, el ejemplo de Cuba, que ha practicado con éxito una política exterior independiente durante décadas, pone en tela de juicio la visión del mundo que podría haber promovido el ministro Iqbal.

Recordando que aclaró que sus “comentarios eran sólo en el contexto de la política exterior”, parece que la segunda interpretación de un desliz freudiano es la más creíble, ya que está más estrechamente relacionada con su perspectiva de la política exterior de lo que sería una falsa pax.

Sin embargo, independientemente de lo que haya provocado el escándalo diplomático pakistaní-cubano, su importancia radica en el hecho de que el ministro en funciones de un gobierno que recientemente ha sustituido a su predecesor en circunstancias escandalosas menospreció públicamente a uno de los socios de su país para, como mínimo, hacer un comentario partidista contra el gobierno anterior.

Es muy poco probable que haya pensado en las consecuencias de su comentario, de lo contrario probablemente no lo habría pronunciado, ya que no hay ninguna razón para que las nuevas autoridades compliquen sus relaciones con Cuba y se arriesguen así a alimentar la narrativa del ex primer ministro Khan de que todos son marionetas estadounidenses y están tan poderosamente bajo su influencia que son incapaces de practicar una política exterior independiente. Sin embargo, ésa era precisamente la impresión que tenía una parte importante de la población, tal y como lo expresó el ex ministro Mazari. Desde el punto de vista de las nuevas autoridades, esto significa que las observaciones del ministro Iqbal fueron contraproducentes para sus intereses políticos internos.

La lección que deberían aprender las nuevas autoridades es que todos los comentarios sobre otros países deben ser cuidadosamente pensados para no alimentar involuntariamente la narrativa del ex primer ministro Khan sobre su llegada al poder. Menospreciar a un socio como Cuba sólo para hacer un punto partidista contra el gobierno anterior no fue la jugada más sabia. Es probable que el ministro Iqbal se arrepienta de lo que dijo, pero su intento de reparar el daño que causó sólo lo empeoró. Los comentarios inadvertidamente contraproducentes de las nuevas autoridades en las últimas semanas sugieren que deberían ser más prudentes a la hora de expresarse para no empeorar aún más las tensiones internas por accidente.

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