Irán se beneficiará de los posibles cambios en las relaciones de Rusia con Israel y Pakistán

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Las escuelas pro-estadounidenses del “estado profundo” dentro de Israel y Pakistán, que se especula que han vuelto recientemente a la prominencia en la formulación de políticas dentro de sus burocracias permanentes, tienen un interés para recalibrar los respectivos actos de equilibrio de sus gobiernos dentro del emergente Orden Mundial Multipolar, después de que sus adherentes se preocuparan de que se estuvieran inclinando demasiado hacia Rusia en los últimos años a expensas de su tradicional aliado estadounidense.

La actual operación militar especial de Rusia en Ucrania ha tenido consecuencias imprevisibles para su Gran Asociación Euroasiática (GEP), que se refiere a su gran estrategia del siglo 21 para integrar el supercontinente. Hasta el inicio de esa campaña y la respuesta sin precedentes de Occidente liderada por Estados Unidos, había estado persiguiendo simultáneamente la creación de un nuevo Movimiento de Países No Alineados (“Neo-NAM“) con India, así como su “Pivote Ummah” de dar prioridad a las relaciones con los países de mayoría musulmana más allá de sus fronteras meridionales. El primero se vio equilibrado por el rápido acercamiento ruso-pakistaní, mientras que el segundo se mantuvo a raya gracias al proyecto “Rusrael“, que hace referencia a la alianza de facto de Rusia con Israel.

Ambos equilibrios dentro de estos dos pilares de su GEP (el tercero es su entente con China) se están desequilibrando cada vez más después de que su futuro se volviera súbitamente incierto tras los últimos acontecimientos. Estos son la decisión de Israel de votar contra Rusia en dos ocasiones en la ONU y el escandaloso cambio de gobierno en Pakistán que el ex primer ministro Khan describió como un cambio de régimen orquestado por Estados Unidos, pero que las nuevas autoridades de la coalición respaldada por el establishment insisten en que fue un proceso constitucional y puramente interno. El proyecto Rusrael corre ahora el riesgo de ser desmantelado por la escuela proestadounidense de las burocracias militares, de inteligencia y diplomáticas permanentes de Israel (“estado profundo”), mientras que el ritmo del rápido acercamiento ruso-paquistaní podría verse frenado debido a la influencia de esa misma escuela.

Ambas escuelas de “estado profundo” pro-estadounidense tienen interés en recalibrar los respectivos actos de equilibrio de sus gobiernos dentro del emergente Orden Mundial Multipolar, después de que sus adherentes se preocuparan por estar inclinándose demasiado hacia Rusia en los últimos años a expensas de su tradicional aliado estadounidense. En el caso de que alguno de ellos acabe cambiando la naturaleza de sus relaciones con esa Gran Potencia euroasiática, por no decir que si ambos lo hacen, Irán saldría ciertamente beneficiado de estos posibles acontecimientos. Sus relaciones con Israel son adversas, mientras que las que mantiene con Pakistán pueden calificarse de complicadas. Aunque es probable que mirara con recelo los vínculos estratégicos de Rusia con ambos, no dejó que eso influyera en sus relaciones bilaterales, que son mejores que en cualquier otro momento de la historia.

En la actualidad, Irán sirve como válvula de escape de la presión occidental liderada por Estados Unidos sobre Rusia, aunque Washington también está coqueteando con la posibilidad de poner a la República Islámica en contra de Moscú, supuestamente condicionando cualquier nuevo acuerdo nuclear a que Teherán cumpla con su régimen de sanciones ilegales contra el Kremlin. No está claro que Irán vaya a aceptar esto, pero hacerlo sería contraproducente para sus grandes intereses estratégicos, ya que lo mejor es que se convierta en un país aún más importante para Rusia en caso de que los lazos de Moscú con Israel y/o Pakistán cambien en un futuro próximo. La República Islámica funciona actualmente como el conducto geográfico insustituible a través del cual se lleva a cabo el comercio ruso-indio, lo que beneficia inmensamente a su economía en dificultades y, por tanto, es poco probable que cambie.

Otro argumento a favor de esa conclusión es que Irán está participando de facto en el “Neo-NAM” conjunto ruso-indio al facilitar su comercio bilateral y también al permitir que India entre en Asia Central, desde donde Moscú espera que equilibre la influencia china de forma amistosa, amable y no hostil. Además, los dirigentes ideológicos de Irán creen sinceramente en la multipolaridad y comprenden sabiamente el papel que está desempeñando Rusia en la aceleración de dichas tendencias, por lo que es lógico que prefieran que Moscú siga haciéndolo, ya que esto también redunda en sus grandes intereses estratégicos. Por tanto, los observadores deberían seguir muy de cerca las relaciones ruso-iraníes en los próximos meses, ya que podrían mejorar aún más en paralelo a cualquier posible cambio en los vínculos de Rusia con Israel y/o Pakistán.

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