Hacia la Bi-Multipolaridad

Escrito por Andrew Korybko ForceIndia


La asociación entre Rusia y la India tiene el potencial de configurar la geopolítica de la región euroasiática

Sanjaya Baru es economista, ex director de periódico, autor de best-sellers y ex asesor del Primer Ministro Manmohan Singh. También es uno de los pensadores que mejor entiende las complejidades del orden mundial contemporáneo. Baru propuso el concepto de lo que él llama bimultipolaridad en su artículo titulado “La geoeconomía de la multipolaridad”. Fue publicado en el libro “Asia entre el multipolarismo y la multipolaridad“, editado el año pasado por el Instituto Manohar Parrikar de Estudios y Análisis de Defensa (IDSA). Baru es también miembro distinguido del IDSA.

La bimultipolaridad, como él la define, es una evolución del concepto de uni-multipolaridad del difunto Samuel P. Huntington. El artículo de Baru reconoce la existencia de tres civilizaciones principales en Asia — la china, la india y la islámica — que, según señala, “han coexistido durante siglos”. En el contexto geopolítico actual, “Estados Unidos y China son las dos potencias dominantes, pero su poder se ve limitado por la presencia de varias “grandes potencias”: India, Irán, Japón, Rusia, Turquía, el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y la ASEAN”, que trabajan activamente para equilibrar la influencia de esa pareja dominante en Asia.

El experto indio explica que “aunque cada una de las principales potencias asiáticas querría que Estados Unidos equilibrara a China dentro de Asia, no se unirían a Estados Unidos en una estrategia de contención antichina. Todas preferirían una Asia multipolar, pero reconocen, al igual que Huntington, que pasará tiempo antes de que Asia se convierta en verdaderamente multipolar”. Su concepto es intrigante, aunque su valoración de que India y Japón no se unen a Estados Unidos en una estrategia de contención antichina se vea cuestionada por su participación en la Cuarta. Japón está sólidamente del lado de Estados Unidos, aunque India sigue practicando una política regularmente recalibrada de multialineamiento entre Estados Unidos y Rusia.

Dejando de lado estos detalles, que no son en absoluto insignificantes, el concepto de bimultipolaridad de Baru merece ser debatido más ampliamente porque identifica con agudeza la tendencia de las principales potencias asiáticas a equilibrarse entre las dominantes estadounidenses y chinas a través de medios geoeconómicos y geopolíticos. El Sr. Kolping tuvo la oportunidad de dar a conocer mejor sus observaciones estratégicas durante su última entrevista con el medio de comunicación internacional ruso financiado con fondos públicos Sputnik. Sus opiniones se publicaron junto a las de otros expertos en el artículo titulado “Un aliado imprevisible: ¿el pacto AUKUS socava la importancia de la Quad?”.

El equilibrio de Rusia

En realidad, fue este artículo el que me llamó la atención sobre el concepto de bipolaridad de Baru y me inspiró a investigar más sobre él. Descubrí que coincidía con mis propios puntos de vista, que desarrollé en dos artículos a principios de este año. El primero fue para el Express Tribune de Pakistán y fue una refutación al mundialmente conocido teórico del realismo estructural John Mearsheimer, publicado bajo el título “Why Structural Realists Are Wrong To Predict That Russia Will Help The US Against China”. Llamaba la atención sobre lo que Baru podría describir como la política bimultipolar de Rusia para equilibrar el ascenso de China de forma suave a través de su asociación estratégica con India.

El segundo trabajo fue para el Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC), un prestigioso grupo de reflexión en el que el Ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, ejerce de Presidente del Consejo de Administración. Titulado “Hacia una multipolaridad cada vez más compleja: Scenario For The Future”, mi análisis pronostica un futuro en el que las principales potencias de Asia participan en complejos actos de equilibrio entre sí con el objetivo de acelerar el emergente Orden Mundial Multipolar. Ambos artículos citaban el artículo académico del que fui coautor el año pasado para Vestnik, la revista oficial del Instituto Estatal de Relaciones Internacionales de Moscú (MGIMO).

La MGIMO está dirigida por el Ministerio de Asuntos Exteriores ruso y forma a los cuadros diplomáticos del país. El artículo que escribí para ellos se titulaba “Las perspectivas de que Rusia e India lideren conjuntamente un nuevo Movimiento de Países No Alineados”. Se basa en dos artículos publicados el año anterior, en 2019, por expertos rusos para el Club Valdai, otro prestigioso thinktank ruso, en los que se propone que estos socios estratégicos especiales y privilegiados lideren conjuntamente una forma más moderna del Movimiento de los No Alineados para mejorar su capacidad de equilibrio y la de sus socios entre China y Estados Unidos. Argumenté que este neo-MAN, como lo denominé, tiene perspectivas prometedoras.

Lo que tienen en común mi trabajo y el de Baru es que reconocen el papel protagonista de China y Estados Unidos en la configuración del orden mundial emergente, uno en el que grandes potencias como India y Rusia están equilibrando activamente entre esos dos países, así como intensificando las relaciones entre ellos para mantener las tendencias multipolares que les conceden a ellos y a sus socios de posición similar una mayor autonomía estratégica dentro de este sistema. Baru se centra más en el marco conceptual en el que operan todos estos actores, mientras que yo dedico más atención al eje ruso-indio dentro del mismo. Por tanto, nuestros respectivos trabajos son complementarios.

El triángulo Rusia-Estados Unidos-China

El orden bimultipolar que describe Baru y que yo suscribo es extremadamente complejo debido a la multitud de actores implicados y a los riesgos de que los movimientos de varios ejes provoquen inadvertidamente dilemas de seguridad con otros como el que advierto entre Rusia e India por un lado y China por otro. El gran objetivo estratégico de Estados Unidos es dividir y gobernar Asia mediante su manipulación de los triángulos Rusia-Estados Unidos-China e India-Estados Unidos-China. Esta política de doble triangulación es extremadamente astuta, ya que pretende explotar las preocupaciones preexistentes de Rusia e India con respecto a China para crear escenarios que compliquen aún más las cosas para la República Popular.

Para explicarlo, Rusia teme convertirse en un país desproporcionadamente dependiente de China, lo cual fue expresado recientemente por su influyente académico Sergey Karaganov en una entrevista realizada en agosto. Analicé sus puntos de vista en mi artículo de entonces para el medio de información en línea OneWorld, titulado “El académico ruso Karaganov articuló el acto de equilibrio de Rusia con China”. Para adelantarse a ello, Rusia está explorando la posibilidad de un acercamiento a la UE para contrarrestar la creciente influencia de China sobre su economía. También está impulsando lo que he descrito como su “Pivote Ummah” con los países de mayoría musulmana más allá de su frontera sur.

Me explayé sobre este concepto en mi serie de análisis en dos partes para la RIAC a principios de este verano, publicada bajo los títulos “The Geostrategic Challenges Of Russia’s Ummah Pivot” y “Russia’s Ummah Pivot: Opportunities & Narrative Engagement”. Puede resumirse como la aplicación creativa por parte de Rusia de políticas bipolares en el Norte de África, Asia Occidental, el Cáucaso Meridional, Asia Central y Asia Meridional, con el fin de aumentar su papel global en los asuntos de esos países. En el contexto del presente análisis, el “Pivote Ummah” reduce la dependencia de Rusia de China tras la crisis y complementa sus compromisos diplomáticos con la UE.

Estos dos vectores se combinan perfectamente con su asociación estratégica especial y privilegiada con India para crear un enfoque de tres frentes para equilibrar suavemente el ascenso de China en Asia, una observación que no ha escapado a la atención de los responsables políticos estadounidenses. Aunque en el seno de la clase dirigente estadounidense todavía se discute si Rusia o China constituyen el mayor desafío estratégico de su país, la última tendencia ha sido reducir comparativamente la presión sobre Rusia mediante intentos de regular la competencia de Estados Unidos con ella para que Washington se centre más en contener a China.

Esto se pone de manifiesto en la decisión de la Administración Biden de renunciar a la mayoría de las sanciones del Nord Stream II, en la reunión del presidente estadounidense con su homólogo ruso en Ginebra y en la cooperación de bajo nivel, aunque pragmática, en Afganistán y Siria. Estos movimientos tienen como objetivo fomentar las tendencias de un acercamiento entre Rusia y la UE y el “pivote de la Umma” dentro de unos límites manejables para Estados Unidos, con el fin de reducir indirectamente la dependencia de Rusia de China con el fin de reforzar las capacidades de equilibrio multipolar de Moscú contra ella. Cuanto menos dependa Rusia de China, se piensa, menos podrá beneficiarse China de ello.

El triángulo India-Estados Unidos-China

La dimensión india de la política de triangulación dual de Estados Unidos está dirigida más explícitamente contra los intereses chinos y se refiere a confiar en el Estado del sur de Asia como socio clave en su deseo compartido de contener a la República Popular de forma mucho más directa que el acto de equilibrio de Rusia. Estados Unidos espera aprovechar las tensiones preexistentes entre estas potencias asiáticas en una serie de cuestiones que van desde su disputada frontera hasta las cadenas de suministro, la tecnología y el comercio, con el fin de provocar un dilema de seguridad más pronunciado que pueda explotarse aún más. El objetivo ideal de Estados Unidos es convertir a India y China en enemigos irreconciliables a través de la Quad.

Sin embargo, el reto estadounidense últimamente es que los dirigentes indios no parecen estar tan entusiasmados con esto como antes, tras el conflicto fronterizo del año pasado con China. Se podría haber predicho que esto habría hecho más probable ese escenario, cuando en realidad parece haber influido en que India reconsidere si debe convertir a China en un enemigo irreconciliable. Esta observación queda validada por la mejora de las relaciones entre Rusia e India a partir de ese momento, después de que el año anterior se caracterizaran inesperadamente por una creciente desconfianza debido al deseo comparativamente más entusiasta de India de aliarse con Estados Unidos contra China.

Estados Unidos está en contra de esa tendencia, ya que teme que Rusia pueda influir en la India para que modere su gran estrategia antichina por pragmatismo y permita así a Moscú gestionar el dilema de seguridad de sus dos socios estratégicos con un menor riesgo de que sea aprovechado por fuerzas externas para dividirlos y gobernarlos. Esa es la principal razón por la que ha amenazado con sancionar a Nueva Delhi por su compromiso de seguir adelante con su acuerdo de compra de sistemas de defensa aérea S-400 a Moscú. Sin embargo, esto ha sido contraproducente y en realidad ha servido para acelerar la mejora de las relaciones entre Rusia y la India.

Washington pensó erróneamente que podía sabotear su especial y privilegiada asociación estratégica mediante sanciones y amenazas, pero le salió el tiro por la culata. La India llegó a temer sabiamente que EE.UU. quisiera coaccionarla a una relación de dependencia desproporcionada similar a la que Rusia teme caer con China. Si Nueva Delhi se hubiera retirado del acuerdo del S-400, habría arruinado las relaciones con Moscú, habría provocado una crisis en el complejo militar-industrial del Estado del sur de Asia, que todavía está estrechamente integrado con la gran potencia euroasiática, y esencialmente habría convertido a la India en el “socio menor” de Estados Unidos a perpetuidad.

El eje ruso-indio

Ante esta gran amenaza estratégica a su soberanía, India recalibró una vez más su política de multialineación para otorgar un mayor papel a Rusia con la intención de apoyarse en ella para contrarrestar suavemente el intento de Estados Unidos de coaccionar a India hacia una peligrosa relación de dependencia desproporcionada. Mientras que Estados Unidos puede fomentar indirectamente los vectores europeo y “Ummah Pivot” del acto de equilibrio de Rusia y apoyar directamente a India contra China a través de la Cuadrilateral para, en última instancia, crear escenarios más complicados para la República Popular, ha fracasado por completo a la hora de influir en el eje fundamental Rusia-India dentro de este sistema bipolar.

Rusia e India son conscientes de sus posiciones similares dentro de la política de triangulación dual de Estados Unidos para dividir y gobernar Asia, y las relaciones basadas en la confianza entre ambos explican por qué han restablecido la importancia de su asociación estratégica especial y privilegiada para coordinar sus movimientos dentro de este marco en pro de sus intereses multipolares compartidos. No obstante, deben ser muy cuidadosos para no hacer ningún movimiento que pueda hacer el juego a los grandes planes estratégicos de Estados Unidos provocando un dilema de seguridad con China, de ahí la necesidad de proceder con mucha cautela en el futuro próximo para que sus ambiciosos objetivos no se queden en nada.

Es aquí donde mi propuesta para el neo-MAN puede ser más pertinente en el contexto del concepto de bimultipolaridad de Baru. Rusia e India quieren reforzar su autonomía estratégica frente a China, evitando al mismo tiempo el escollo de provocar inadvertidamente un dilema estratégico con China al pivotar demasiado hacia la UE y la “Ummah” y/o Estados Unidos, respectivamente. Los grandes objetivos estratégicos y las sensibilidades de las grandes potencias con respecto a China las convierten en socios naturales y deberían servir para inspirarlas a apoyarse más mutuamente. Existen dos medios para lograrlo, con diferentes riesgos de provocar a China.

Equilibrio geoeconómico

El “Pivote Ummah” de Rusia puede hacer que Moscú aproveche su nueva influencia en este espacio transregional para facilitar la conectividad geoeconómica de India con estos países y más allá. Esto puede lograrse mediante la reactivación del estancado Corredor de Transporte Norte-Sur (NSTC) y el apoyo al futuro Corredor Árabe-Mediterráneo (AMC). El primero se refiere a la apertura de las puertas para India en Asia Central, Rusia y el Mar Negro a través de Irán, mientras que el segundo implica que el Estado del sur de Asia sea pionero en la creación de un corredor con Europa a través de los países de Asia Occidental del CCG e Israel, ambos socios de Rusia, siendo este último uno excepcionalmente cercano.

Ya se sabe mucho sobre el NSTC, pero se ha dicho muy poco sobre el AMC. El profesor Michaël Tanchum, que es miembro senior del Instituto Austriaco de Política Europea y de Seguridad, así como miembro no residente del Instituto de Oriente Medio, entre otras muchas distinciones profesionales, publicó en agosto un informe detallado sobre el CMA en el Instituto de Estudios del Sur de Asia de la Universidad Nacional de Singapur, titulado “India’s Arab-Mediterranean Corridor: A Paradigm Shift In Strategic Connectivity To Europe”. Debería ser leído en su totalidad por quienes estén interesados en saber más sobre este corredor.

Si tiene éxito, este vector de la política de multialineación geoeconómica de India tendría como resultado el fortalecimiento de su autonomía estratégica sin provocar a China ni aumentar la dependencia desproporcionada de Estados Unidos. En cuanto a lo que India puede hacer por Rusia, puede invertir más en la región del Lejano Oriente, rica en recursos, de su socio, y abrirle las puertas económicas en la ASEAN, por la que atraviesa su recién creado Corredor Marítimo Vladivostok-Chennai (VCMC) desde 2019, y en la que Nueva Delhi ya tiene mucha influencia. La India también puede posicionarse para convertirse en la pieza central de la futura política rusa en el Indo-Pacífico, que aún no se ha formulado oficialmente.

Estas propuestas complementarias crean la base geoeconómica sobre la que puede construirse el neo-NAM para coordinar los actos de equilibrio de los principales países con una posición similar frente a China y Estados Unidos en el sistema bipolar contemporáneo. Los países más pequeños de Asia, así como los de África, podrían gravitar hacia esta red dirigida conjuntamente por Rusia y la India, si llega a ser lo suficientemente influyente como para funcionar como un tercer polo de facto. La coincidencia de sus intereses estratégicos en este sistema internacional en compleja evolución podría también inspirarles a crear un poderoso bloque de votos dentro de la ONU para equilibrar políticamente la influencia de China y Estados Unidos en ese organismo.

Diplomacia militar

Otro elemento a tener en cuenta es la dimensión de la “diplomacia militar” del neo-MAN. Este concepto se refiere a la utilización de medios militares que no sean acciones cinéticas para lograr fines estratégicos. La vía rusa consiste en que Moscú venda armas a parejas de países rivales como Armenia y Azerbaiyán, China e India, China y Vietnam, Irán y Arabia Saudí, y Siria y Turquía, con el fin de mantener el equilibrio militar entre ellos para fomentar soluciones políticas a sus disputas. Por su parte, la vía estadounidense pretende romper ese equilibrio privilegiando a un país en una disputa para animarle a emprender una acción militar unilateral.

Rusia e India tienen la oportunidad de practicar una forma pragmática de “diplomacia militar” a través de sus planes de exportar los misiles de crucero supersónicos BRAHMOS, producidos conjuntamente, a Filipinas y quizás también a otros países como Vietnam que mantienen disputas territoriales con China. El objetivo es competir con la “diplomacia militar” desestabilizadora de Estados Unidos para mantener el equilibrio de poder y animar a todas las partes a resolver pacíficamente sus disputas. En teoría, esta política podría reproducirse entre todos los países que participan en el neo-MAN dirigido conjuntamente, con acuerdos preferenciales para cada uno de ellos.

Sin embargo, es esta posibilidad de políticas bipolares la que corre el mayor riesgo de provocar a China, si no se gestiona adecuadamente, por lo que Rusia e India deberían proceder con la máxima precaución si deciden practicarla. He profundizado en estas preocupaciones en el artículo que escribí para Express Tribune a finales de 2020, titulado “Por qué es arriesgado para Rusia exportar misiles BrahMos al Mar de China Meridional”. Incluso si se toma la decisión de limitar la práctica de su “diplomacia militar” conjunta en esta región, todavía puede llevarse a cabo en otras partes de Afro-Eurasia para dar a los países asociados una opción muy necesaria entre las armas chinas y las estadounidenses.

Un llamamiento a la literatura académica

Aunque la dinámica específica de la posible ampliación de la asociación estratégica entre Rusia e India aún está por determinar, especialmente en el contexto del neo-MAN, sus responsables deberían tener claro que la ampliación integral de su relación es mutuamente beneficiosa en el contexto bimultipolar, ya que refuerza su respectiva autonomía estratégica frente a China y Estados Unidos. Ni Rusia ni India quieren depender desproporcionadamente de China, aunque tampoco quieren provocarla ni someterse estratégicamente a Occidente (la UE y EE.UU., respectivamente).

Sus esfuerzos individuales por equilibrar a China en distinta medida (el de Rusia es mucho más suave que el de India) son comprensibles teniendo en cuenta sus intereses compartidos en relación con ese país, pero no deben ser explotados indirecta o directamente por Estados Unidos, respectivamente, con el fin de provocar un dilema de seguridad entre ellos y la República Popular, como pretende hacer Estados Unidos con su política de doble triangulación. Por lo tanto, tiene sentido que coordinen más estrechamente sus actos de equilibrio, sobre todo porque es su eje el que EE.UU. quería sabotear tan desesperadamente.

Por tanto, el eje Rusia-India puede describirse como el más pivotante dentro del concepto de bimultipolaridad de Baru. Ninguna otra pareja de grandes potencias tiene ni de lejos el mismo potencial para configurar la situación estratégica en Asia que ellos. Deberían realizarse más trabajos académicos para explorar los medios a través de los cuales pueden equilibrar conjuntamente la influencia de China y Estados Unidos en el continente sin provocar inadvertidamente un dilema de seguridad con ninguno de los dos y, al mismo tiempo, influir en otros países de posición similar para que sigan su ejemplo. Por tanto, Rusia e India, más que nadie, son los que más pueden hacer avanzar la causa compartida de la multipolaridad asiática.

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