El ex presidente ruso Medvedev escribió la verdad sobre Polonia

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Es a partir de estas experiencias de primera mano, como estadounidense-polaco residente en Moscú con ascendencia ucraniana que también vivió en Polonia durante un año antes de trasladarse a Rusia en el verano de 2013, que comparto la predicción optimista de Medvédev de que estos dos pueblos superarán, con suerte, sus problemas políticos fabricados artificialmente y provocados por Estados Unidos para así retomar sus relaciones fraternales en algún momento del futuro.

El ex presidente ruso Dmitri Medvédev, que actualmente ocupa el cargo de vicepresidente del Consejo de Seguridad Nacional, publicó la verdad sobre Polonia en su último post de Telegram que puede leerse en ruso aquí. Fue escrito en respuesta a la declaración de Varsovia de que buscará la llamada “desrusificación” de su propia economía y luego la de toda Europa antes de “desrusificar” todo lo demás de la UE. Analicé las razones puramente interesadas que hay detrás de esta política en mi artículo de ayer, así que el presente no repetirá esa visión, sino que se centrará en el último artículo del ex presidente Medvédev.

Lo esencial del mensaje del vicepresidente del Consejo de Seguridad Nacional es que la política de Polonia es contraproducente tanto para ella como para sus socios de la UE. Medvédev describió a sus dirigentes, en particular al primer ministro Mateusz Morawiecki y al viceprimer ministro (y cardenal gris) Jarosław Kaczyński, como rusófobos patológicos cuyos hilos son movidos por sus patrones transatlánticos en Estados Unidos. Al aferrarse a lo que Rusia considera la época de los problemas de hace casi medio milenio, cuando su antigua Mancomunidad fue expulsada de Moscú, están cegados para ver el presente o el futuro.

Por eso, cree, están haciendo todo lo posible para arruinar también las relaciones de los demás con Rusia. Medvédev considera que simplemente no pueden perdonar a Rusia por haber arruinado sus sueños de un imperio regional, que, según él, acabó fracasando en cualquier caso no por culpa de su propio país, sino debido a las “disputas internas, la corrupción, los fracasos económicos y las batallas perdidas” de la antigua Commonwealth. Culpar a Rusia, sin embargo, es un chivo expiatorio conveniente para supuestamente unir a la nación detrás de sus élites, aunque Medvédev está seguro de que esta política está destinada a fracasar, ya que no está en los intereses del pueblo polaco.

También le repugna el tipo único de rusofobia polaca la cual se manifiesta en la demolición de monumentos al mismo Ejército Rojo que liberó al pueblo polaco del yugo genocida de los nazis y puso fin al Holocausto que mató a varios millones de sus propios ciudadanos judíos. Además, el ex presidente considera totalmente repulsivo que Polonia equipare hoy abiertamente su ocupación por la genocida Alemania nazi con su condición de aliado soviético durante décadas. Sin embargo, a pesar de estos pasos inéditos de los dirigentes polacos, la polonofobia no existe en Rusia.

Puedo dar fe de ello por mi experiencia personal como polaco-estadounidense con ascendencia ucraniana que vive en Moscú desde hace 8,5 años. Siempre que menciono mi origen étnico polaco en respuesta a los rusos que me preguntan por mi origen, dado mi evidente acento, reaccionan positivamente. Algunos incluso han procedido a compartir conmigo sus propias raíces polacas, y la mayoría de los que lo han hecho explican que sus abuelos procedían de las regiones occidentales de Bielorrusia y/o Ucrania que estaban bajo el control de Varsovia durante la Segunda República Polaca de entreguerras y que se conocían como el “Kresy“.

Nunca ha habido ni siquiera un atisbo de resentimiento por el hecho de que sus familiares polacos acabaran en lo que hoy es Rusia. Al contrario, están muy orgullosos de ser rusos-polacos, y muchos incluso han viajado a Polonia antes. Los que lo han hecho siempre me cuentan lo mucho que disfrutaron del país, ya sea durante la época comunista o después. Estos rusos diferencian entre los dirigentes polacos rusófobos y el fraternal pueblo polaco, con el que comparten muchas similitudes socioculturales que hoy en día, lamentablemente, son tabú para discutir en la sociedad polaca dado el clima político.

A partir de estas experiencias de primera mano, como estadounidense-pole de ascendencia ucraniana residente en Moscú que también vivió en Polonia durante un año antes de trasladarse a Rusia en el verano de 2013, comparto la optimista predicción de Medvédev de que estos dos pueblos superarán, con suerte, sus problemas políticos fabricados artificialmente y provocados por Estados Unidos para retomar sus relaciones fraternales en algún momento del futuro. Como señaló acertadamente el ex presidente ruso, “los lazos humanos son indispensables, y el intercambio cultural y científico entre los lugares de nacimiento de Pushkin y Mickiewicz, Tchaikovsky y Chopin, Lomonosov y Copérnico es vital.

Todo lo que Medvedev escribió en su último mensaje de Telegram es cierto. Los dirigentes conservadores-nacionalistas de Polonia, a los que en su mayoría apoyo en todas las cuestiones internas, aparte de su inaceptable rusofobia, están siendo manipulados como un apoderado estadounidense para dividir y gobernar Europa en la Nueva Guerra Fría. Realmente me duele ver el daño que han hecho a las relaciones bilaterales sin razón alguna y puramente en busca de razones de interés propio relacionadas con los sueños de su élite de prestigio neoimperial posmoderno en la región, como expliqué en mi análisis que fue hipervinculado en la primera frase de este análisis.

Todo el mundo tiene derecho a tener su propia opinión sobre la actual operación militar especial de Rusia en Ucrania, pero las diferencias políticas no deben explotarse para dividir aún más a los pueblos hermanos. Los rusos y los polacos tienen muchas similitudes socioculturales que explican por qué los primeros no albergan ningún tipo de polonofobia contra los segundos a pesar de su liderazgo actualmente rusófobo. Es una pena que el Estado polaco se haya convertido en una de las armas de la guerra híbrida de Estados Unidos contra Rusia, pero esperemos que no inflija más daño a las relaciones ruso-europeas del que ya tiene.

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