Rusia no está en guerra con Ucrania, está luchando contra un régimen fascista títere apoyado por EEUU

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Rusia está aplicando el derecho internacional en el transcurso de su operación especial en curso en Ucrania, que el Consejo de Seguridad de la ONU no pudo hacer antes debido a la resistencia y la complicidad literal de Estados Unidos en esos mismos crímenes de guerra que sus proxies fascistas han estado cometiendo hasta ahora con impunidad durante casi una década. Esta operación humanitaria y de aplicación de la ley se limita estrictamente a combatir a los títeres fascistas de Estados Unidos en Ucrania para llevarlos ante la justicia y liberar posteriormente al pueblo ucraniano que tomaron como rehén.

Las palabras importan, así que describir la operación especial de Rusia en Ucrania como una supuesta “guerra” contra ese país en general no es exacto. Más bien, la Gran Potencia euroasiática está luchando contra un régimen fascista títere respaldado por Estados Unidos que colabora con la OTAN para planear un ataque sorpresa contra Rusia en el futuro próximo, similar al de la Segunda Guerra Mundial, uno que seguiría a la neutralización planificada de sus capacidades nucleares de segundo ataque. El autor explicó todo esto en detalle en sus dos últimos análisis, “I’m A Proud American-Pole With Ukrainian Ancestry: Here’s Why #IStandWithRussia” y “Debunking The Top Ten Infowar Narratives About Russia’s Special Operation In Ukraine”, que incluyen un montón de hipervínculos a su trabajo anterior, así como a los discursos pertinentes del presidente Putin.

En los últimos dos días se ha hecho evidente que una de las manipulaciones más perniciosas de la verdad tiene que ver con la descripción del conflicto en curso como una “guerra rusa contra Ucrania”, que es totalmente falsa pero que se está propagando por dos razones narrativas. Éstas son hacer parecer que Rusia está atacando a su vecino fraternal, al que el presidente Putin describió como históricamente unido a su pueblo, falseando así su imagen de hipócrita, y galvanizar al pueblo ucraniano en oposición a Rusia de acuerdo con los intentos activos de Estados Unidos de dividir y gobernar indefinidamente sus sociedades hermanas. Estos objetivos egoístas pretenden hacer avanzar los objetivos estratégicos de Estados Unidos en la región. Basta con decir que esas narrativas de guerra de información armada no reflejan la realidad.

Lo que ocurre en realidad es que Rusia está luchando contra el régimen fascista que EEUU instaló en Ucrania tras la oleada de terrorismo urbano conocida popularmente en Occidente como “EuroMaidan”. Aunque el líder en funciones de ese país es judío, es prácticamente rehén de estos elementos ultrarradicales que glorifican a Hitler y a sus antepasados que colaboraron con él para cometer genocidio contra judíos, polacos y rusos, entre otros.

Volodymyr Zelensky simplemente no puede resistir dicha presión para no ser neutralizado políticamente por ellos o incluso derrocado, sea como sea que acabe ocurriendo, ya sea a través de otra Revolución de Colores, un golpe militar o cualquier otro medio. Fue bajo este régimen fascista respaldado por Estados Unidos que Ucrania se transformó artificialmente en un estado proxy antirruso.

El presidente Putin describió el viernes a estas autoridades ilegítimas como una “banda de drogadictos y neonazis que se han instalado en Kiev y que han tomado como rehén al pueblo ucraniano”. Los reconoció ingenuamente en el pasado debido a su apaciguamiento con Occidente, que reconoció tácitamente en su discurso a la nacion en la madrugada del jueves. El líder ruso dijo que agotó todos los medios diplomáticos para resolver la crisis de seguridad existencial de su país con EE.UU. antes de iniciar su operación especial en curso en Ucrania con el objetivo de adelantarse al ataque planeado por la OTAN contra Rusia que sus servicios de inteligencia le dijeron que “no se puede evitar”. Como no puede atacar la raíz del problema atacando a los propios EE.UU. debido al principio de la destrucción mutua asegurada, está apuntando a sus títeres en Kiev en su lugar.

Son los que más directamente han exacerbado esta crisis hasta su límite más crítico, por lo que naturalmente se deduce que deben ser depuestos para restaurar la paz y la estabilidad estratégica en la región. Por ello, el líder ruso declaró durante su discurso del jueves mencionado anteriormente que los objetivos de guerra de su país son desnazificar Ucrania, desmilitarizarla y, posteriormente, asegurar su neutralidad militar después de “llevar a juicio a quienes perpetraron numerosos crímenes sangrientos contra civiles, incluso contra ciudadanos de la Federación Rusa”. Esto implica claramente que el gobierno ucraniano de posguerra, independientemente de quien lo dirija en última instancia, recalibrará pragmáticamente sus políticas tras la conclusión inevitablemente exitosa de la operación especial de Rusia en ese país.

Por ello, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, Maria Zakharova, recordó que “otro objetivo de la operación es hacer que las figuras actuales, el régimen títere, rindan cuentas por los crímenes cometidos durante estos años contra la población civil, incluidos los ciudadanos de la Federación Rusa, así como llevar a cabo la desmilitarización y desnazificación de Ucrania”. También aseguró al mundo que Rusia no tiene como objetivo las infraestructuras civiles, sólo las militares y sus activos. El embajador ruso ante la UE, Vladimir Chizhov, intervino posteriormente reafirmando el desinterés de su país por cualquier conquista territorial, exactamente como declaró el presidente Putin durante su discurso de la madrugada del jueves. Como era de prever, los principales medios de comunicación occidentales dirigidos por EEUU ignoraron todo lo que dijeron los funcionarios rusos.

Por supuesto, tampoco prestaron atención a la advertencia del presidente Putin el viernes de que “los banderistas y los neonazis están colocando armas pesadas, incluyendo lanzadores de cohetes múltiples, justo en los distritos centrales de las grandes ciudades, incluyendo Kiev y Kharkov. Planean forzar el fuego de retorno de los sistemas de ataque rusos contra los barrios residenciales. En efecto, están actuando de la misma manera que los terroristas actúan en todo el mundo: utilizando a la gente como escudos con la esperanza de acusar a Rusia de causar víctimas civiles“.

Como explicó el dirigente ruso, esto se hace para difundir noticias falsas sobre que su país supuestamente está matando a civiles, afirmaciones falsas que ya circulan ampliamente en los medios de comunicación convencionales y entre las cuentas prooccidentales en las redes sociales. Lo hacen para pintar al presidente Putin como un criminal de guerra, cosa que no es.

Los únicos criminales de guerra son los relacionados con las autoridades fascistas de Kiev, respaldadas por EEUU, que atacaron a los civiles en el transcurso de la guerra civil de su país, que duró ocho años y que podría haberse resuelto pacíficamente si Ucrania hubiera aplicado los Acuerdos de Minsk aprobados por el CSNU.

No tenían ese interés en hacerlo, ya que sus patrocinadores estadounidenses les alentaron a ignorar estos elementos del derecho internacional (que suscribieron oficialmente después de que el CSNU aprobara una resolución oficial que los aprobaba en 2015) con el fin de seguir avivando las llamas de la guerra proxy antirrusa de Washington en la región. Esto también hace que los funcionarios estadounidenses sean tan culpables de crímenes de guerra como lo son sus títeres fascistas en Kiev, aunque nadie debería tener esperanzas de que se haga justicia con ellos.

Los únicos que realmente pagarán por sus crímenes son los que el presidente Putin acaba de describir inolvidablemente como la “banda de drogadictos y neonazis que se han instalado en Kiev y que han tomado como rehén al pueblo ucraniano”.

En otras palabras, Rusia está aplicando el derecho internacional en el transcurso de su operación especial en curso en Ucrania, que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no pudo hacer antes debido a la resistencia y la complicidad literal de Estados Unidos en esos mismos crímenes de guerra que sus apoderados fascistas han estado cometiendo hasta ahora con impunidad durante casi una década. Esta operación humanitaria y de aplicación de la ley se limita estrictamente a combatir a los títeres fascistas de EEUU en Ucrania para llevarlos ante la justicia y liberar posteriormente al pueblo ucraniano que tomaron como rehén.Por eso, describir el conflicto como una “guerra ruso-ucraniana” es incorrecto desde el punto de vista de los hechos, ya que induce a pensar al público al que va dirigido que el presidente Putin ha declarado la guerra al mismo pueblo fraternal al que alabó sin cesar en su detallado y apasionado artículo del verano pasado “Sobre la unidad histórica de rusos y ucranianos“.

Rusia sólo está luchando contra esos fascistas literales y sus partidarios militantes a los que Estados Unidos apoyó descaradamente como proxies antirrusos. El propio pueblo ucraniano no tiene absolutamente nada que temer de la operación especial de Rusia en su país. Para garantizar su seguridad, no deben escuchar la propaganda estadounidense que les llama a “luchar contra los ocupantes”, para no arriesgarse a perder innecesariamente la vida. En un futuro próximo, Ucrania será liberada y pronto volverá la paz.

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