No le hagas caso a James Dorsey: Kazajistán no es la “próxima Ucrania” de Rusia

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


El propio hecho de que Kazajstán solicitara urgentemente la intervención de la OTSC, liderada por Rusia, desmiente sin lugar a dudas la falsa narrativa de Dorsey, que implica la existencia de graves problemas entre ambos países. Por lo tanto, su artículo debe considerarse, en retrospectiva, como una propaganda infructuosa.

El galardonado periodista y académico del Instituto de Oriente Medio de la Universidad Nacional de Singapur, el Dr. James M. Dorsey, publicó el 5 de enero un artículo en el que se preguntaba provocativamente: “¿Es Kazajistán la próxima Ucrania de Rusia?” En él insinúa, de forma no muy sutil, que Rusia quiere apoderarse de partes de ese país vecino, basándose en los comentarios de algunos nacionalistas marginales y en los comentarios de los medios de comunicación más rabiosos. Dorsey también intenta fabricar artificialmente la falsa percepción de una ruptura entre los líderes rusos y kazajos para avanzar en su agenda narrativa.

A pesar de sus prestigiosas credenciales, los observadores no deberían prestar atención al último artículo de Dorsey. No es más que un ataque de guerra de información apenas disimulado para sembrar el miedo sobre las grandes intenciones estratégicas de Rusia. Su artículo se publicó el día en que Kazajstán fue víctima de una Guerra Híbrida de Terror mucho peor que los disturbios estructuralmente similares impulsados por la Revolución de los Colores que Estados Unidos experimentó el 6 de enero. Poco después, su líder, reconocido internacionalmente, solicitó la ayuda de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), dirigida por Rusia, para acabar con este intento de toma de posesión terrorista de su país.

Era inevitable que hubiera una campaña de guerra de la información que precediera al previsible escenario que finalmente se produjo, que es el papel que desempeña el artículo crítico de Dorsey, fuera consciente de ello mientras lo escribía o no. Los observadores podrán esperar que las narrativas que se introdujeron en su artículo se construyan y se propaguen posteriormente a lo largo de las próximas semanas, ya que esta intervención militar dirigida por Rusia neutraliza con éxito la amenaza terrorista de Kazajstán. Todo en su artículo no es más que una insinuación destinada a asustar a su audiencia para que piense que Rusia quiere invadir Kazajistán.

En realidad, el Kremlin no tiene esas intenciones. Los rincones de ese fraternal estado vecino, de población mayoritariamente rusa, no son ricos en recursos y no tienen ningún propósito estratégico. Además, la “balcanización” de este diverso país podría crear oportunidades para la expansión de grupos terroristas regionales como el ISIS-K, que es exactamente lo contrario de lo que Rusia querría que ocurriera. Además, las únicas intenciones de Rusia al intervenir en Kazajstán a petición urgente de sus dirigentes, reconocidos internacionalmente, son neutralizar las fuerzas terroristas, estabilizar la situación y evitar la propagación del caos.

Sea como fuere, Dorsey intenta engañar deliberadamente a su audiencia sobre las intenciones de Rusia recurriendo a los medios antes mencionados de exagerar la importancia decisoria de las declaraciones de figuras nacionalistas marginales y de los comentarios rabiosos de los medios de comunicación. Es evidente que el presidente Tokayev no comparte las malintencionadas “preocupaciones” de Dorsey, ya que solicitó a la OTSC dirigida por Rusia que desplegara fuerzas de mantenimiento de la paz en su país, lo que no habría hecho si temiera una “invasión”. Está claro que Kazajstán confía en Rusia lo suficiente como para que dirija estas delicadas operaciones militares.

Dado que las ridículas predicciones de Dorsey no se van a cumplir, cabe preguntarse por qué las hizo en primer lugar. Los que le conceden el beneficio de la duda podrían afirmar que simplemente no está informado sobre la dinámica regional, pero que quería llamar la atención hablando de un tema candente que claramente no estaba cualificado para analizar con precisión. Los cínicos, sin embargo, podrían afirmar que tiene motivaciones ideológicas o tal vez de otro tipo, como las financieras, para asumir con entusiasmo el liderazgo de la infoguerra de Occidente liderada por Estados Unidos contra la Asociación Estratégica Ruso-Kazajstán.

Sea cual sea el caso, y por supuesto sólo el propio Dorsey puede dar cuenta de ello (aunque es poco probable que lo haga a menos que se le desafíe públicamente lo suficiente e incluso entonces podría simplemente ignorar a las masas por conveniencia narrativa/política), no hay duda de que los observadores no deberían tomar en serio sus últimas reflexiones sobre este tema. El mero hecho de que Kazajstán haya solicitado urgentemente la intervención de la OTSC, liderada por Rusia, desmiente sin lugar a dudas la falsa narrativa de Dorsey, que implica la existencia de graves problemas entre ambos países. Por lo tanto, su artículo debe considerarse, en retrospectiva, como una propaganda infructuosa.

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