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La guerra popular contraespionaje de China es patriótica y pragmática

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


La CNN publicó a mediados de octubre un artículo de impacto antichino titulado “La maquinaria de propaganda de China está intensificando su ‘guerra popular’ para atrapar a los espías estadounidenses“. En él se trata de desvirtuar la guerra popular del contraespionaje chino como una paranoica caza de brujas. En realidad, sin embargo, este movimiento popular es patriótico y pragmático. El pueblo chino se está movilizando en apoyo de su país después de que la CIA anunciara a principios de octubre que había creado un Centro de Misión en China dedicado exclusivamente a espiar a la República Popular.

Esa noticia coincidió con un informe del New York Times titulado “Capturados, asesinados o comprometidos: C.I.A. Admite haber perdido docenas de informantes“, en el que se afirmaba que países como China han logrado desmantelar redes de espionaje estadounidenses en los últimos años. Esto confirma que la guerra popular del contraespionaje chino lleva ya algún tiempo activa, ya que el gobierno confía parcialmente en los ciudadanos patriotas para que les informen sobre personas sospechosas, entre otras tácticas que emplean para erradicar a los traidores.

Las agencias de inteligencia estadounidenses son hostiles a China. No sólo pretenden obtener sus secretos de seguridad nacional, sino también inmiscuirse en sus asuntos internos. A lo largo de los años se han hecho afirmaciones creíbles de que estos servicios de espionaje estaban implicados en provocar problemas en la Región Autónoma Especial de Hong Kong (RAE) e incluso en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang (RAU). No hay duda de la participación de los espías estadounidenses en la guerra híbrida de su país contra China, que incluye un componente crucial de guerra de la información en los últimos años.

Estas observaciones objetivas desacreditan la narrativa armada de la CNN de que la guerra popular de contrainteligencia de China es una caza de brujas paranoica. A decir verdad, son los Estados Unidos los que se han consumido por la caza de brujas paranoica. Esto se evidencia en su desacreditada teoría de la conspiración del Rusiagate, que alegaba ridículamente que el ex presidente estadounidense Donald Trump era una marioneta de su homólogo ruso, que supuestamente era el único responsable de manipular a decenas de millones de estadounidenses para que votaran por el republicano a través de la propaganda.

Sin embargo, la paranoia del establishment estadounidense es aún más profunda, lo que sugiere que a estas alturas se ha vuelto patológica. El antiguo líder estadounidense estaba obsesionado con descubrir lo que, según él, eran innumerables operaciones de espionaje chinas en el territorio de su país, imaginando incluso que implicaban a los varios cientos de miles de estudiantes chinos que estudiaban en sus universidades. En realidad, se trataba de una patraña racista destinada a provocar sentimientos sinófobos para manipular al pueblo estadounidense para que apoyara su guerra híbrida contra China.

Rusia y China no son los únicos países que EEUU está convencido de que tienen espías en cada rincón de su territorio. Irán es otro objetivo de estas absurdas afirmaciones. A principios de este verano, el Departamento de Justicia se incautó de unas cuantas docenas de sitios web que, según dijo, estaban vinculados secretamente a la República Islámica.

El establishment estadounidense está más que temeroso del efecto que pueden tener las interpretaciones alternativas de los acontecimientos relevantes, tanto internacionales como nacionales, en la formación de la opinión de su pueblo sobre su gobierno. Es esta preocupación la que está en la raíz de su paranoia patológica.

La élite estadounidense ha desmantelado, de forma contraproducente, el anterior atractivo (aunque siempre engañoso) del poder blando de su país a lo largo de estas paranoicas cazas de brujas. Quienes creen en las teorías conspirativas de Estados Unidos sobre las operaciones de espionaje de esos tres Estados ya no tienen mucha fe en los procesos democráticos de su país, puesto que piensan erróneamente que los Estados extranjeros pueden manipularlos a su antojo. Los críticos, por su parte, sospechan con razón que la élite está manipulando estos falsos temores para afianzar su propio poder.

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