¿Está emergiendo realmente un llamado eje del este entre Rusia, China e Irán?

Escrito por Andrew Korybk via OneWorld


A primera vista, parece que estos tres están mayormente sincronizados entre sí, pero esta observación no significa que constituyan un “eje del este” como afirmó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní.

El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Saeed Khatibzadeh, anunció el lunes que su país tiene la intención de firmar un acuerdo de asociación estratégica con Rusia. Según sus palabras:

Los acuerdos iniciales de este documento, titulado Acuerdo Global de Cooperación entre Irán y Rusia, han sido concluidos. Estamos ultimando diversas cláusulas del documento y lo enviaremos a Moscú. En los últimos años, se ha hecho necesario mejorar las relaciones entre Irán y Rusia y concentrarse en las asociaciones estratégicas. Entre Irán, China y Rusia está surgiendo el eje del este”.

Esto sería un desarrollo mutuamente beneficioso si llega a suceder, pero su declaración de un “eje del este” entre Irán, China y Rusia es posiblemente una descripción inexacta.

Los tres países son miembros de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS) y están comprometidos a facilitar el emergente Orden Mundial Multipolar. Mantienen posturas muy similares en cuestiones clave, y Rusia y China han apoyado en general a Irán en la mayoría de las cuestiones, excepto cuando se trata de los supuestos planes de la República Islámica para construir armas nucleares. Aun así, a pesar de haber estado de acuerdo con las sanciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas contra el país en el pasado, estas dos grandes potencias están en contra de las unilaterales de Estados Unidos y esperan que este país renegocie con éxito el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA) con Irán en un futuro próximo.

Por lo tanto, a primera vista parece que estos tres están en su mayoría sincronizados entre sí, pero esta observación no significa que constituyan un “eje del este”. Tal terminología evoca provocativamente la mentalidad de bloque de la antigua Guerra Fría a la que Rusia y China se oponen oficialmente.

Ninguno de estos países tiene obligaciones de defensa mutua con el otro y a veces discrepan en cuestiones delicadas. Por ejemplo, China e Irán estaban en contra de la derogación del artículo 370 por parte de la India en agosto de 2019, mientras que Rusia se mantuvo sólidamente al lado de su socio estratégico especial y privilegiado todo el tiempo.

Otro punto de discordia entre ellos es el de los talibanes. Irán se muestra escéptico con el grupo y sus motivos, mientras que Rusia y China se muestran comparativamente mucho más abiertos a él. Además, aunque Rusia e Irán son aliados antiterroristas en Siria, difieren en cuanto a su visión preferida para la República Árabe tras el conflicto. Moscú parece estar a favor de un compromiso político entre Damasco y los miembros de la oposición armada legitimados internacionalmente que participan en el proceso de paz de Astana, mientras que Teherán apoya plenamente la reticencia de su aliado a avanzar en ese escenario.

La otra cuestión polémica que merece atención es la “diplomacia militar” de Rusia, que consiste en armar a los bandos rivales con la intención de mantener el equilibrio de poder entre ellos y, así, esperar que se fomente una solución política a sus disputas. Esto contrasta con la versión estadounidense de la “diplomacia militar”, cuyo objetivo es romper el equilibrio de poder a favor de su aliado regional para animarle a provocar más agresivamente a su oponente. Rusia sigue armando a los rivales indios y vietnamitas de China. También tiene una relación armamentística muy consolidada con el rival azerbaiyano de Irán y otra incipiente con sus rivales emiratíes, saudíes y turcos.

Estos hechos “políticamente incómodos” echan un jarro de agua fría a la afirmación de que está surgiendo un “eje oriental” entre estos tres países, pero tampoco deben interpretarse como que es imposible una cooperación multilateral significativa entre ellos. Por el contrario, todo esto sólo indica que hay límites muy reales a lo que pueden llegar, pero que todavía hay mucho potencial que pueden aprovechar. Los tres tienen intereses compartidos en promover la causa común de la conectividad euroasiática, para lo cual Irán puede desempeñar un papel central debido a su ubicación geoestratégica.

Aunque las recientes tensiones con Azerbaiyán han suscitado dudas sobre el futuro del Corredor de Transporte Norte-Sur (NSTC) entre ese país, Irán, India y Rusia, el vector general de esta ruta todavía puede lograrse a través del transporte marítimo transcaspiano si existe la voluntad política y se determina que sea económicamente competitivo. En lo que respecta a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, se prevé que Irán se convierta en una potencia de producción en algún momento del futuro debido a las inversiones prometidas por Beijing, que segun se reporta son de un valor de $400 billones en los próximos 25 años. Ambos pueden conectarse también a través de Afganistán-Tayikistán, Asia Central y/o Pakistán.

Además, Irán puede aprovechar su posible asociación estratégica con Rusia para recibir más armas de Moscú como parte de la “diplomacia militar” del Kremlin. Esto puede contribuir a mejorar su posición regional frente a sus rivales, manteniendo el equilibrio de poder entre ellos. Rusia también es mundialmente conocida por su experiencia en las industrias de extracción de recursos y del ferrocarril, por lo que sus empresas asociadas pueden entablar una “competencia amistosa” con sus homólogas chinas a fin de que Irán reciba los mejores tratos posibles de sus socios estratégicos mutuamente complementarios.

Volviendo al tema de la controvertida descripción de Irán de su relación con esos dos como un “eje del este”, sirve a los intereses de gestión de la percepción de la República Islámica presentar esos vínculos como tales. Teherán quiere señalar a sus rivales, especialmente al eje de EEUU-“Israel”-CCG, que no está “aislado” sino que cuenta con un importante apoyo de las grandes potencias influyentes. Por supuesto, es probable que ninguno de estos tres se tome sus afirmaciones al pie de la letra, ya que saben que es mejor no considerar a esos tres aliados en el sentido tradicional, pero es probable que tengan en cuenta la confianza de Irán a este respecto.

Sus poblaciones, sin embargo, podrían estar más influenciadas por esta dramática aunque engañosa afirmación. Lo curioso es que tanto a Irán como a sus oponentes les interesa presentar las relaciones de la República Islámica con Rusia y China de esa manera. La primera pretende que se presente como una alianza defensiva en pro de unos objetivos multipolares compartidos, mientras que algunos de los responsables de la percepción de la segunda tienen interés en presentarla erróneamente como una alianza ofensiva y desestabilizadora que amenaza la paz regional. Es por la forma en que este término puede ser manipulado por los oponentes de Irán que Rusia y China se sienten incómodos con él.

Aunque esas dos grandes potencias tienen sus propios problemas con Estados Unidos, esperan mantenerlos lo más manejables posible. Tampoco tienen nada contra “Israel” o el CCG. Al contrario, están ampliando ampliamente sus relaciones con ambos como parte de sus grandes estrategias pragmáticas. Ese hecho puede ser “políticamente inconveniente” para algunos en Irán, así como para sus partidarios extranjeros, de ahí una de las motivaciones parciales para tergiversar los lazos de ese país con esos dos para distraer de sus estrechas relaciones con sus rivales.

Con todo, podría decirse que es inexacto describir las relaciones entre Rusia, China e Irán como un “eje del este”. Estos tres países mantienen estrechas relaciones y trabajan conjuntamente en el objetivo de avanzar en la multipolaridad, pero algunas de las diferencias entre ellos limitan su cooperación multilateral. No obstante, hay quienes tienen interés en presentar sus relaciones como tales, aunque deberían ser conscientes del revés narrativo que esto podría crear y de la presión que podría ejercer sobre Rusia y China para que aclaren públicamente sus relaciones con Irán de una manera que podría contradecir incómodamente a los representantes de ese país.

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