Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre el caso Litvinenko es Lawfare contra Rusia

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


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En lugar de desenterrar los detalles de este incidente de hace década y media, es más pertinente en la actualidad analizar la importancia de la sentencia del TEDH y la negativa de Rusia a cumplir con la misma.

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) dictaminó que Rusia debe pagar a la viuda del ex espía Alexander Litvinenko €100,000 por los daños morales que, según afirma, son responsabilidad de Moscú por su presunta complicidad en su prematura muerte en 2006. El portavoz del Presidente Putin respondió tachando su decisión de infundada y declarando que “no estamos dispuestos a escuchar tales decisiones”. Rusia también está en su derecho después de que su Tribunal Constitucional dictaminara en 2015 que la legislación rusa está por encima del derecho internacional y el presidente Putin firmara una ley al respecto ese mismo año que les permite anular las decisiones del TEDH y de otros organismos internacionales.

En lugar de desenterrar los detalles de este incidente de hace una década y media, es más pertinente en la actualidad analizar el significado de la sentencia del TEDH y la negativa de Rusia a cumplirla. Todos los países renuncian a una parte de su soberanía al aceptar participar en estructuras internacionales como ésta. Rusia se adhirió al CEDH para acercarse a Occidente, lo que se consideró una recompensa suficiente por comprometer aspectos de su soberanía. Sin embargo, hoy en día el Kremlin ha reconsiderado la conveniencia de hacerlo tras la preocupación creíble de que el organismo esté siendo explotado como un arma de “lawfare” contra él.

Este concepto se refiere a convertir en armas los medios legales para lograr fines estratégicos. En el contexto actual, el TEDH está reviviendo un viejo escándalo y contribuyendo así a la guerra informativa contra Rusia dirigida por Occidente. El objetivo de esta campaña es desacreditar al país en el ámbito internacional, aunque la reputación de la gran potencia euroasiática en Occidente ya es terrible tras los últimos 7 años de incesante guerra informativa contra ella, por lo que esta decisión concreta no cambiará mucho. Tampoco se espera que tenga ningún peso normativo fuera de Occidente.

Esta segunda observación es especialmente importante porque Rusia ya no se toma en serio mucho de lo que dice Occidente después de haber demostrado que es un socio poco fiable. Para el Kremlin ya no es tan importante lo que piensen los líderes de esos países. Rusia desearía que sus ciudadanos tuvieran una percepción más acertada de ella, pero lamentablemente comprende que probablemente esto no cambiará a corto plazo. Por lo tanto, no es una prioridad para Rusia comprometer sus intereses nacionales en un intento desesperado por generar un único titular positivo en los medios de comunicación occidentales que quizá ni siquiera llegue a escribirse pagando a la viuda de Litvinenko como dictaminó el TEDH.

Más bien, Rusia se ha dado cuenta de que tiene mucho más que ganar desde la perspectiva del poder blando si se mantiene firme en su soberanía nacional, condenando la guerra jurídica del TEDH contra ella y, por tanto, dando ejemplo a otros Estados que son víctimas de medios similares. Salvaguardar su soberanía es ahora la principal prioridad de Rusia, tras lo cual sigue la ampliación de la cooperación con países afines que realmente respetan sus intereses a diferencia de Occidente. Entre estos nuevos socios no occidentales se encuentran China, India, Irán, Pakistán, Arabia Saudí y Turquía, que también son potencias en ascenso en el emergente Orden Mundial Multipolar.

Todos ellos se oponen ferozmente al lawfare y no prestarán ninguna atención a la politizada sentencia del TEDH. Por el contrario, se espera que respeten a Rusia más que nunca, después de que haya demostrado su seguridad a la hora de enfrentarse al acoso de Occidente. Teniendo en cuenta este resultado de poder blando inadvertidamente positivo, se puede concluir que esta última provocación de lawfare contra Rusia ha sido contraproducente. Lejos de presionar a la gran potencia euroasiática para que ceda en su soberanía, la sentencia del TEDH la inspiró a reafirmar sus intereses nacionales y a mostrar con orgullo al resto del mundo que la Rusia moderna no hará servilmente lo que Occidente le exija.

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