¿Cuál es la predicción del ex ´cardenal gris´ del Kremlin Surkov para el futuro?

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


El presente análisis resumirá los pensamientos de Surkov y luego ofrecerá la interpretación del autor al respecto, así como su propia predicción.

Resumiendo a Surkov

Vladislav Surkov, el hombre que sirvió a las órdenes del presidente Putin en una u otra capacidad entre 1999 y 2020 y al que los observadores nacionales y extranjeros se referían como el “cardenal gris” del Kremlin, publicó una intrigante predicción para el futuro. La versión original está en ruso y, por lo que sabe el autor, aún no ha sido traducida oficialmente al inglés, pero fue reportada por RT. Sin embargo, Google Translate hace un trabajo decente para transmitir sus puntos principales. El presente análisis resumirá sus pensamientos y luego ofrecerá la interpretación del autor al respecto, así como su propia predicción.

“La Edad de Oro”:

Surkov comienza con una nota filosófica recordando a los lectores la segunda ley de la termodinámica, que en el contexto sociopolítico se explica como la inevitabilidad del caos. Las dos últimas décadas de estabilidad rusa siguieron a la imprevisibilidad de los años ochenta y noventa, en los que ese caos se volvió incontrolable. Surkov predice que los últimos 20 años se verán en retrospectiva como una “edad de oro”. Sea como fuere, esta “edad de oro” aún no ha terminado y puede que no lo haga durante algún tiempo, pero eso no significa que el caos pueda ser controlado indefinidamente.

Válvulas de ciberpresión:

Hasta este momento, Surkov observó cómo Internet servía como una especie de válvula de presión para el caos social, pero es pesimista en cuanto a que siga siendo así debido al creciente control sobre esta red global y su armificación por parte de actores como el Pentágono. El caos desplazado del ciberespacio, predice, se manifestará en la creación de procesos y estructuras sociales paralelas en la vida real. Estos podrían ser difíciles de discernir porque los participantes podrían seguir gritando eslóganes políticos convencionales, votando y haciendo otras cosas que superficialmente sugieren que no se está gestando tal caos en su sociedad.

Caos “silencioso”:

En realidad, esto debilita el sistema estatal porque conduce a un tipo de apatía sociopolítica, a falta de una mejor descripción, por la que la gente sólo finge estar apasionada por participar en el orden oficial porque espera que hacerlo sea “una contraseña banal para acceder al sistema de distribución de cargos y privilegios”. Ni que decir tiene que, aunque Surkov no lo diga explícitamente, sus observaciones pueden interpretarse como referidas al estado actual de la sociedad rusa o, al menos, a su predicción sobre su estado en un futuro muy próximo.

En una situación así, lo que la gente no dice (su “silencio”, como él lo describe) se vuelve más importante que lo que realmente dice. Sea como fuere, Surkov asegura a los lectores que “el uso de extractos de la memoria histórica, de moral caduca, de los valores administrativos y espirituales y de otros pesados conservantes sociales en dosis ilimitadas garantiza la preservación de la estabilidad deseada… sin embargo, no es prudente ignorar el ‘no-problema'”. Si estas tensiones sociopolíticas no abordadas se descontrolan de repente, es posible que se repita la década de 1980 con un resultado igualmente destructivo, advierte.

Instrumentalizar el caos externo:

La solución, sin embargo, no debe ser ningún tipo de apertura radical del sistema, no sea que también acabe colapsando, aunque por razones diferentes. Vuelve a comparar el resultado potencial de tal enfoque con el de los años ochenta y noventa. Dado que “la entropía social es altamente tóxica”, Surkov sugiere simplemente deshacerse de ella, como en la exportación literal de todo al extranjero. Escribe con franqueza que “exportar el caos no es nada nuevo. Divide y vencerás es una receta antigua. La separación es sinónimo de caos. Unir a los tuyos + desunir a los demás = gobernarás a ambos”.

Surkov continúa añadiendo que “A lo largo de los siglos, el Estado ruso, con su interior político austero y sedentario, ha sobrevivido únicamente gracias a su implacable búsqueda de sus propios límites. Hace tiempo que se olvidó de cómo sobrevivir, y lo más probable es que nunca haya sabido hacerlo de otra manera. Para Rusia, la expansión constante no es sólo una de las ideas, sino el verdadero existencial de nuestro ser histórico. Las tecnologías imperiales siguen siendo eficaces hoy en día, cuando los imperios son rebautizados como superpotencias. El consenso de Crimea es un vivo ejemplo de la consolidación de la sociedad debido al caos del país vecino”.

También observa que “las quejas de Bruselas y Washington sobre la injerencia de Moscú, la imposibilidad de resolver conflictos importantes en todo el mundo sin la participación de Rusia muestran que nuestro Estado no ha perdido sus instintos imperiales”. Es importante destacar que nada de esto se mencionó en el informe de RT sobre su artículo, posiblemente debido a lo “políticamente sensible” que es discutirlo. Aun así, es de vital importancia tenerlo en cuenta, ya que Surkov está considerado como uno de los pensadores sociopolíticos rusos más influyentes de este siglo. Por lo tanto, uno haría bien en reflexionar profundamente sobre sus observaciones, por muy “incómodas” que puedan resultar a primera vista.

Caos americano y chino:

A pesar de romper el “tabú” al hablar de cómo cree que su país ha explotado el caos externo con el fin de gestionar las tensiones internas que se producen de forma natural y que considera científicamente inevitables debido a su interpretación de la segunda ley de la termodinámica, Surkov reconoce que Rusia palidece en este sentido en comparación con Estados Unidos. A continuación, predice que Estados Unidos seguirá exportando agresivamente el caos por todo el mundo a través de medios financieros, sociales y políticos, con especial énfasis en las regiones del Sur Global de África, Asia y Eurasia. Sin embargo, lo que más le preocupa es el caos que, según él, está creciendo dentro de China.

Surkov compara dramáticamente a la República Popular con el Monte Vesubio. En sus palabras, “la moderación china enmascara las enormes reservas de caos acumuladas por una nación disciplinada. Si se acerca el oído a la Gran Muralla, se puede escuchar cómo hierven. Cuando las contradicciones internas del Imperio Celeste se desborden, se convertirá en el más importante emisor de entropía, desafiando el liderazgo estadounidense en este tema. Pekín se está elevando con fuerza sobre el mundo, y la situación geopolítica para muchos pueblos se asemeja a la vida en las cercanías del Vesubio: todo está bien, pero cuando comience la erupción de China, ¿quién se convertirá en Pompeya?” Por el contrario, dice que la UE podría ir en cualquier dirección como exportadora o absorbente del caos.

“Esferas de influencia”

El siguiente punto retórico que plantea Surkov es comparar la emisión de entropía social (caos) por parte de los Estados con las emisiones de carbono. Al igual que el mundo trata de regular estas últimas, también debe regular las primeras. Sin embargo, casos anteriores como el Congreso de Viena y la Conferencia de Yalta “sólo fueron posibles y tuvieron éxito cuando el caos alcanzó el nivel del infierno”.

La solución, según él, es que las grandes potencias delimiten oficial o extraoficialmente “esferas de influencia” entre ellas para evitar que se produzca una tragedia similar. Y es que Surkov considera que dichas esferas son “espacios contractuales para disipar y eliminar el caos que se desprende de un sistema político estable”.

Advierte que “si no hay acuerdo, las corrientes turbulentas generadas por los superpaíses empiezan a chocar entre sí, generando devastadoras tormentas geopolíticas. Para evitar tales colisiones, hay que dirigir cada corriente en un canal separado”.

Lo que Surkov no señala es que esas mismas “esferas de influencia” no sólo podrían producirse a expensas de los países/pueblos “influenciados” (ya sea objetivamente el caso o subjetivamente siendo manipulados por partes externas para que aparezcan como tales para movilizar a las poblaciones “influenciadas” contra su “patrón”), sino que también podrían convertirse en el escenario de guerras proxy entre Grandes Potencias rivales. Desde un punto de vista cínico, Surkov podría esperar que fuera así como funcionan realmente estas “válvulas de presión”.

Sus comentarios finales merecen ser citados en su totalidad: “Mientras tanto, el mundo disfruta de su multipolaridad, un desfile de nacionalismos y soberanías postsoviéticas. Pero en el próximo ciclo histórico, la hoy olvidada globalización e internacionalización volverá y cubrirá esta crepuscular multipolaridad. Y Rusia recibirá su parte en el nuevo conjunto global de tierras (o más bien de espacios), confirmando su condición de uno de los pocos globalizadores, como ocurrió en la época de la Tercera Roma o de la Tercera Internacional. Rusia se expandirá no porque sea buena, ni porque sea mala, sino porque es física”. En otras palabras, Rusia se expandirá inevitablemente ya que esto es científica e históricamente natural.

Crítica constructiva al cardenal gris

En general, las predicciones de Surkov tienen mucho sentido, aunque cabe preguntarse si su evaluación de China es acertada o si simplemente está cayendo involuntariamente en la plétora de falsas narrativas que prevén el colapso de ese país en un futuro próximo, pero que finalmente nunca se cumplen. Dejando a un lado esta crítica crucial de su artículo, que no es en absoluto insignificante, ya que sugiere una mala interpretación fundamental del principal socio estratégico de Rusia y del Estado que es posiblemente una de las dos superpotencias contemporáneas en la actualidad, el resto del artículo conlleva una cierta lógica que es difícil de discutir.

El caos sociopolítico es, en efecto, natural e inevitable, y la única incertidumbre es cómo y cuándo se manifiesta exactamente.

Los Estados más resistentes tratan de liberar las tensiones internas dirigiendo esas fuerzas hacia el exterior, aunque lo ideal sería que simplemente aprovecharan los procesos caóticos preexistentes desencadenados por otros, como hizo Rusia con Crimea en la Ucrania desestabilizada por Estados Unidos, o que encontraran la forma de transformar esa energía en algo constructivo, como está haciendo China a través de la red mundial de proyectos de conectividad de la Iniciativa Cinturón y Ruta (BRI).

La opción más irresponsable es convertir el caos en un medio para desestabilizar a los rivales, como hace Estados Unidos con la guerra híbrida. Lo ideal sería que Rusia no convirtiera el hasta ahora falso alarmismo de Occidente al respecto en una profecía autocumplida, ya que eso desestabilizaría su propia periferia.

Información de fondo

Para comprender mejor el contexto geoestratégico en el que se mueve Rusia, el autor recomienda al lector que revise sus siguientes análisis o al menos los hojee:

* 7 de mayo de 2018: “La gran estrategia de Rusia en Afro-Eurasia (y lo que podría salir mal)

* 16 de mayo de 2020: “Las perspectivas de que Rusia e India lideren conjuntamente un nuevo Movimiento de Países No Alineados

* 3 de junio de 2020: “El papel de Pakistán en la Gran Asociación Euroasiática de Rusia

* 17 de febrero de 2021: “Por qué los realistas estructurales se equivocan al predecir que Rusia ayudará a EEUU contra China

* 11 de junio de 2021: “Hacia una multipolaridad cada vez más compleja: Escenario para el futuro

* 24 de junio de 2021: “Los desafíos geoestratégicos del “pivote de la Umma” de Rusia

* 14 de julio de 2021: “El “pivote de la Ummah” de Rusia: Oportunidades y compromiso narrativo

* 6 de agosto de 2021: “El erudito ruso Karaganov articuló el acto de equilibrio de Rusia con China

* 27 de septiembre de 2021: “Comparación de los contornos del pivote ruso en Siria y Afganistán

* 7 de octubre de 2021: “Hacia la bimultipolaridad

* 2 de noviembre de 2021: “¿Qué explica el abrazo de Putin a la narrativa convencional de COVID-19?

La riqueza de conocimientos contenida en los 11 análisis citados anteriormente se simplificará ahora para comodidad del lector, de modo que todo el mundo pueda al menos estar en la misma línea de base antes de continuar.

El acto de “equilibrio” de Rusia

La gran estrategia rusa del siglo XXI es convertirse en la fuerza suprema de “equilibrio” en Eurasia, para lo cual está dando prioridad a las relaciones con socios no tradicionales. El Kremlin aspira a lograr el equilibrio entre Oriente y Occidente, o entre China y EE.UU. y la UE, con los que espera acercarse (ergo la cumbre Biden-Putin de este verano y la segunda que están organizando). En cuanto a manejar a China, Rusia ve a India como el contrapeso más “amistoso/amable”, ya que los tres participan en el BRICS y la OCS. Para ayudar a mantener a raya la inclinación pro-estadounidense de India en los últimos tiempos, Rusia está ampliando las relaciones con Pakistán, alineado con China, al que espera conectar directamente a través de un ferrocarril transafgano.

El “pivote de la Ummah”

A diferencia de lo que muchos de los medios de comunicación convencionales y alternativos afirmaron, Rusia nunca llevó a cabo realmente un “Pivote hacia el Este” después de reunificarse con Crimea, sino que en realidad emprendió lo que ahora puede describirse como su “Pivote de la Ummah”, expandiendo ampliamente su influencia en la dirección sur entre los países mayoritariamente musulmanes. Esta “tercera vía” se pensó como un equilibrio pragmático entre la posible dependencia desproporcionada de Oriente (China) y las incómodas concesiones unilaterales hacia Occidente (Estados Unidos/UE). El “pivote de la Ummah” también puede emparejarse con el acercamiento ruso-pakistaní para equilibrar los lazos con India, de modo que Moscú no corra nunca el riesgo de convertirse en el “socio menor” de Delhi.

Intereses de la India

Sea como fuere, se espera que la India ocupe un papel fundamental en el emergente acto de “equilibrio” a escala euroasiática del Kremlin, pero el alcance de este prometedor eje de intereses depende de la voluntad política de Delhi y de su capacidad para soportar la presión de su recién descubierto aliado en Washington, si Estados Unidos empieza a temer que vaya demasiado lejos en esa dirección. En el caso de que el pilar indio de este acto de “equilibrio” no rinda, entonces Rusia puede simplemente confiar más en el de la “Ummah” para evitar cualquier posible dependencia desproporcionada de China sin tener que llevar a cabo incómodas concesiones unilaterales hacia Occidente con ese fin.

“Guerra Mundial C”

En medio de todo este “equilibrio” externo, Rusia también está haciendo mucho “equilibrio” interno a medida que el país implementa “reformas” de gran alcance destinadas a aplicar los preceptos asociados con el “Gran Reset”/”Cuarta Revolución Industrial” (GR/4IR) a su situación socioeconómica. El presidente Putin prevé que Rusia se convierta en uno de los líderes mundiales en esta transición sistémica global, lo que explica que su gobierno esté considerando algunas de las restricciones más estrictas del mundo en materia de COVID-19, incluida la posible prohibición de los contenidos denominados “antivacunas”, haciéndolos legalmente equivalentes a la zoofilia, según la última actualización de RT. Al parecer, estas medidas pretenden garantizar el cumplimiento de la “nueva normalidad”.

Sin embargo, no son precisamente populares entre muchos, por decirlo suavemente, lo que podría explicar el momento del artículo de Surkov teniendo en cuenta su habilidad para leer el clima sociopolítico del país en cualquier momento. Esto no quiere decir que los disturbios contra el GR/4IR sean inminentes, sino que las consecuencias de cambio de paradigma de amplio espectro que fueron catalizadas por los intentos descoordinados del mundo de contener la COVID-19 (“Guerra Mundial C“) y la adopción cada vez más obvia por parte de los dirigentes rusos del modelo GR/4IR como el camino supuestamente más óptimo en tales circunstancias presentan el mayor riesgo en el futuro próximo de que el caos sociopolítico preexistente del país se desate de nuevo.

Contención del caos mediante “esferas de influencia”

El cardenal gris cree que este escenario (ya sea desencadenado por los factores que se han descrito en el párrafo anterior o por cualquier otra cosa que pueda provocarlo en un momento posterior) puede evitarse descargando estas crecientes tensiones internas a través de alguna forma vaga de expansionismo exterior que no tiene por qué adoptar la forma convencional que adoptó Crimea o la no convencional que adopta la variante estadounidense que se ha descrito anteriormente.

Sea como sea, debe ocurrir -cualquiera que sea “eso”-, de lo contrario Rusia se arriesga a volver a los años 80 y 90, como ha advertido Surkov en varias ocasiones. La solución, según él, es delimitar urgentemente las “esferas de influencia”.

PAKAFUZ + NSTC + ZC = Pivote de la Ummah

En el contexto geoestratégico descrito en los 11 artículos del autor enumerados varios párrafos más arriba, esto podría adoptar la forma de una consolidación por parte de Rusia de su influencia emergente en la “Ummah”. En particular, esto podría hacerse mediante la combinación del ferrocarril transafgano planeado hacia Pakistán (PAKAFUZ), el Corredor de Transporte Norte-Sur (NSTC) a través de Azerbaiyán e Irán, y la plataforma de integración regional a seis bandas propuesta por Bakú, que podría desbloquear el acceso directo por tierra de Rusia a Turquía (y desde entonces potencialmente a Siria y más allá) a través del Corredor Zangezur (ZC). Los tres, PAKAFUZ, NSTC y ZC, son apolíticos, tienen una orientación económica y son mutuamente beneficiosos.

En conjunto, reforzarían de forma sin precedentes la influencia de Rusia en este espacio geoestratégico en el centro del hemisferio oriental, al tiempo que permitirían al Kremlin contar con un tercer polo de influencia aparte del Este (China) o el Oeste (EE.UU./UE) para cumplir con mayor eficacia su gran objetivo estratégico del siglo XXI de convertirse en la fuerza suprema de “equilibrio” de Eurasia.

Este resultado también mejoraría sus capacidades de “equilibrio” frente a la India, sirviendo potencialmente como una especie de disuasión para que no se ponga abiertamente del lado de EE.UU. en contra de China y, eventualmente, sea presionado por su nuevo aliado para que reduzca sus lazos con Rusia. Esta propuesta de “esfera de influencia” también podría conducir a la convergencia de las civilizaciones ortodoxa e islámica.

El desafío turco

El reto, por supuesto, consistirá en gestionar la expansión de la propia influencia de Turquía dentro de este espacio, especialmente en las regiones de Asia Central y el Cáucaso Sur, que son extremadamente sensibles desde la perspectiva de Rusia. Hasta ahora, los presidentes Putin y Erdogan han conseguido regular de forma responsable su rivalidad en este ámbito siguiendo el modelo sirio que, en su mayor parte, logró desescalar las tensiones que se producían de forma natural en ese país y que podrían haber sido fácilmente explotadas externamente por Estados Unidos con fines de “divide y vencerás”. Mientras estos dos líderes puedan conseguir que la totalidad de sus burocracias militares, de inteligencia y diplomáticas permanentes (“estado profundo”) hagan lo mismo después de su mandato, entonces será sostenible.

Si no es así, la extensión máxima de la “esfera de influencia” de Rusia dentro de la “Ummah” será limitada, al igual que las perspectivas de una convergencia ortodoxa-islámica a largo plazo. No sólo eso, sino que Asia Central y el Cáucaso Meridional podrían surgir como encendidos escenarios de rivalidad entre ambos debido a sus “esferas de influencia” superpuestas (recordando que el concepto de Mundo Turco se solapa con el Mundo Ruso en estas dos regiones e incluso en partes de la propia Federación Rusa). Esta relevante visión en el contexto geoestratégico más amplio que se ha presentado permite a los observadores comprender mejor cómo podría desarrollarse en la práctica la predicción de Surkov sobre la delimitación de las “esferas de influencia”.

El establecimiento sostenible de un eje ruso-turco será tan fundamental, si no más, para los grandes intereses estratégicos de Rusia que el eje ruso-indio descrito anteriormente. Sin el primero, Rusia corre el riesgo de verse inmersa en guerras por delegación con Turquía en su “extranjero cercano” e incluso en lugares tan lejanos como Asia Occidental (principalmente el Levante, con Siria como pieza central del Kremlin) y el Norte de África (Libia). En ausencia de un eje ruso-indio, Rusia podría tener dificultades para evitar una dependencia desproporcionada de China, especialmente en el caso de que la República Popular salga victoriosa de su Nueva Guerra Fría con Estados Unidos, como advirtió Karaganov en el análisis anteriormente citado.

Reflexiones finales

Para resumirlo todo, la predicción de Surkov -aparte de sus temores sobre el caótico colapso de China- es sólida, al igual que la solución que propone de delimitar urgentemente “esferas de influencia” entre las grandes potencias. Sobre la base de su visión, se recomienda que Rusia concentre la mayor parte de sus esfuerzos en la “Ummah”, donde ha establecido recientemente una influencia sin precedentes y tiene perspectivas más prometedoras de seguir ampliándola que en cualquier otra parte del mundo. Para garantizar la estabilidad en este amplio espacio y obtener beneficios mutuos para todas las partes implicadas, la gran potencia euroasiática debe regular de forma responsable su rivalidad con Turquía e incluso considerar la posibilidad de asociarse estratégicamente con ella.

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