La cooperación chino-salvadoreña no supone ninguna amenaza para los intereses de EEUU

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Teniendo en cuenta los esfuerzos de Estados Unidos por apoyar a las ONG supuestamente anticorrupción en El Salvador, las crecientes críticas de Washington al estilo de liderazgo popular del presidente Bukele más su historial de provocar revoluciones de colores contra los líderes que no se someten totalmente a su voluntad, está surgiendo el escenario en el que EEUU podría intentar desestabilizar el gobierno del presidente Bukele con el pretexto de que está cerrando acuerdos corruptos con China.

NBC News publicó a principios de este mes un artículo titulado “Un proyecto en El Salvador muestra cómo China está ejerciendo un poder creciente en el patio trasero de Estados Unidos“. En él se hace alarde de que la cooperación chino-salvadoreña supone una amenaza para Estados Unidos. Se cita al Almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de EE.UU., especulando con que las inversiones de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta (BRI) en proyectos portuarios regionales podrían ser una fachada para que el Ejército Popular de Liberación (PLAN) establezca bases en América Latina.

El núcleo de la controversia en este caso es el interés de China en establecer una zona de libre comercio en el puerto de La Unión, cuyos detalles la NBC afirma haber obtenido a través de una presentación en power point sobre este proyecto. A continuación, el medio repite la acusación del Departamento de Estado de principios de este año de que el anterior alcalde de la ciudad “incurrió en una importante corrupción al abusar de su autoridad como alcalde en la venta de la isla de Perico a agentes de la República Popular China a cambio de un beneficio personal”.

Otros funcionarios, incluidos los relacionados con el presidente Nayib Bukele, también están incluidos en la lista de individuos presuntamente corruptos de Estados Unidos. Al reflexionar sobre el propósito del informe de la NBC, parece que el medio está iniciando una nueva campaña de presión intensificada contra el líder salvadoreño a instancias de la Administración de Joe Biden. El nuevo líder estadounidense no comparte los estrechos lazos con el presidente Bukele que tenía su predecesor Donald Trump. De hecho, las relaciones han empeorado desde que Biden llegó al cargo.

La Administración Biden considera que la lucha contra la corrupción local es clave para frenar la inmigración ilegal procedente de los países del Triángulo Norte, entre los que se encuentra El Salvador. Para ello, está apoyando a las ONG que investigan las presuntas irregularidades en esos estados. El problema es que la Administración Biden también ha criticado las propias políticas anticorrupción del presidente Bukele. Su partido independiente, Nuevas Ideas, ganó de forma aplastante las elecciones legislativas de este año y luego votó para destituir a los cinco jueces de la sala constitucional del Tribunal Supremo.

La semana pasada, esta cámara constitucional recién constituida dictaminó que el presidente Bukele puede aspirar a un segundo mandato consecutivo, a pesar de las interpretaciones legales anteriores que lo prohibían. El fin de semana, el presidente Bukele propuso despedir a todos los jueces mayores de 60 años, lo que también suscitó las críticas de Estados Unidos. Sin embargo, sigue siendo inmensamente popular por haber roto el estancamiento de décadas en El Salvador entre los arraigados partidos de izquierda y de derecha, por haber estabilizado la economía y por haber tomado medidas contra las pandillas.

Cada vez está más claro que los presidentes Bukele y Biden tienen estilos de liderazgo y visiones completamente diferentes para El Salvador. El líder de 40 años del país centroamericano, comparativamente más joven, es ambicioso, práctico, persigue una política exterior equilibrada y cree sinceramente en la democracia, mientras que el líder estadounidense, mucho más viejo y menos carismático, prefiere delegar responsabilidades, está obsesionado con contener a China y parece incómodo con la idea de que el pueblo salvadoreño pueda reelegir a su líder popular.

Estos antecedentes políticos sobre el estado contemporáneo de las relaciones entre El Salvador y Estados Unidos ayudan a poner en contexto el artículo antichino de la NBC. Teniendo en cuenta los esfuerzos de EE.UU. por apoyar a ONGs supuestamente anticorrupción en El Salvador, las crecientes críticas de Washington al estilo de liderazgo popular del presidente Bukele, y su historial de provocar revoluciones de colores contra líderes que no se someten totalmente a su voluntad, está surgiendo el escenario en el que EE.UU. podría intentar desestabilizar el gobierno del presidente Bukele con el pretexto de que está realizando acuerdos corruptos con China.

Esta inquietante posibilidad sería coherente con las históricas políticas de suma cero de Estados Unidos contra sus supuestos rivales en la región que considera condescendientemente su “patio trasero”, su posible reenfoque estratégico hacia el hemisferio occidental tras su humillante retirada de Afganistán el mes pasado, y el patrón de comportamiento político que ha precedido a anteriores campañas de presión contra otros gobiernos independientes. Por tanto, Biden podría estar planeando castigar al presidente Bukele por su pragmática cooperación económica con China.

Esto sería moralmente incorrecto y estratégicamente contraproducente si decide hacerlo. Las políticas visionarias del presidente Bukele han conseguido estabilizar El Salvador, por lo que cualquier disturbio político provocado por Estados Unidos bajo cualquier pretexto podría revertir esos logros al envalentonar a las bandas de narcotraficantes para que luchen con más fuerza contra el gobierno y, por tanto, provocar más inmigración ilegal hacia Estados Unidos.

La cooperación chino-salvadoreña está mejorando el nivel de vida del país centroamericano, mientras que una nueva campaña de presión de Estados Unidos no haría más que empeorarla.

Por lo tanto, la Administración Biden debería pensar largo y tendido si vale la pena desestabilizar a El Salvador sólo porque algunos miembros de su gobierno tienen miedo de sus vínculos con China y no les gusta el estilo de liderazgo popular del presidente Bukele. Estados Unidos debería tratar por fin a El Salvador con el respeto que se merece, al igual que China. El presidente Bukele quiere tener unas relaciones igualmente excelentes con los dos grandes países, pero las políticas antagónicas de Biden corren el riesgo de crear una crisis en las relaciones entre El Salvador y Estados Unidos si no las cambia pronto.

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