Entrevista de Korybko en los medios italianos sobre la evolución de la visión geoestratégica de Rusia

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


GatoPress publica la versión original traducida al español de la entrevista que Andrew Korybko concedió recientemente al Mittdolcino de Italia sobre la evolución de la visión geoestratégica de Rusia.

* * *

1. China y Rusia no tienen intereses simétricos –aparte de la oposición de Estados Unidos y Occidente– que respalden una cooperación natural (sobre todo porque la disparidad entre la poca complejidad económica de Rusia, comparada con la economía diversificada y moderna de China, es cada vez más evidente. Por no hablar de la preocupación de Rusia por el protagonismo de China en Asia Central e incluso en los Balcanes). ¿Se mantendría, por tanto, la alianza de facto entre ambos países ante un acuerdo de Rusia con Estados Unidos, según lo que parece ser la nueva “doctrina Biden”, con clara referencia a la luz verde al gasoducto North Stream 2?

No estoy de acuerdo con esa valoración y respondí a la famosa afirmación del teórico de las Relaciones Internacionales, John Mearsheimer, a principios de año en mi artículo en el que explicaba “Por qué los realistas estructurales se equivocan al predecir que Rusia ayudará a Estados Unidos contra China“. Para resumir, el primer punto a destacar es que Rusia y China no son “aliados”, y sus dos líderes lo han confirmado. En cambio, se consideran socios estratégicos con un ámbito de cooperación más amplio que el de los aliados convencionales, pero sin los controvertidos compromisos militares que conlleva esta última relación. En segundo lugar, a pesar de las asimetrías económicas y militares que existen entre ellos, comparten el interés de acelerar el surgimiento del orden mundial multipolar, lo que explica su estrecha cooperación en prácticamente todas las esferas, que se espera que continúe en un futuro indefinido.

A la pregunta de qué efecto tendría una mejora (por leve que sea) de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia en las relaciones ruso-chinas, no hay ninguna razón creíble para dudar de que estas últimas seguirán siendo fuertes y duraderas. Sus diplomáticos lo han confirmado recientemente y no hay ninguna posibilidad de que Rusia sea cooptada para volverse contra China. Más bien, lo máximo que podría ocurrir es que Estados Unidos redirigiera parte de la presión que ejerce sobre el flanco occidental de Rusia hacia el flanco sur de China en caso de que las relaciones entre ambos mejoren. Esto no sería culpa de Rusia, ya que es comprensible que quiera aliviar esa presión a lo largo de sus fronteras con la OTAN, aunque no hará ninguna concesión unilateral para conseguirlo ni se subirá al carro antichino de Estados Unidos. Lo contrario es cierto, ya que los Estados Unidos parecen ser los que están haciendo tales concesiones unilaterales con respecto a la decisión de renunciar a la mayoría de las sanciones sobre Nord Stream II.

La razón por la que Estados Unidos decidió hacer esto es que sus burocracias militares, de inteligencia y diplomáticas permanentes (“estado profundo”) aparentemente se dieron cuenta de la inutilidad de intentar contener simultáneamente a Rusia y China. Eso no sólo ha empujado a ambos a acercarse, sino que ese mismo resultado ha servido a los grandes intereses estratégicos de China frente a la Nueva Guerra Fría en la que se encuentra con Estados Unidos. Desde el punto de vista estratégico estadounidense, China es un competidor global a nivel estructural, mientras que Rusia es un competidor transregional que opera principalmente en sus regiones vecinas (Europa Central y Oriental, Cáucaso Meridional, Asia Occidental, Asia Central), aunque con una creciente presencia estratégica en el sur de Asia, el sudeste asiático y, más recientemente, en África. Sin embargo, Rusia carece del poder económico necesario para introducir cambios significativos en el orden internacional, a diferencia de China, por lo que Estados Unidos debe reorientar su enfoque estratégico desde Moscú hacia Pekín, desescalando con la primera.

2. Desde el comienzo de la Guerra Fría, las interacciones entre Estados Unidos, China y Rusia/Unión Soviética siempre han desempeñado un papel predominante en las relaciones internacionales. Ya sea en los años del alineamiento chino-soviético o en el histórico momento de “Nixon en China”, este juego siempre ha visto a dos bandos alineados contra el tercero. Pero, ¿sigue siendo un juego relevante hoy en día? Según The Diplomat, parece que a Rusia le gusta mucho el enfrentamiento de los otros dos países y está pensando cínicamente en explotar la situación para obtener más ventajas. ¿Está usted al tanto de esta posible evolución?

Oficialmente, Rusia preferiría que no hubiera una Nueva Guerra Fría entre Estados Unidos y China, pero como no puede detenerla, Moscú parece tener la intención de aprovecharla al máximo en pos de sus propios intereses. Esto adopta la forma de las ambiciones de la Gran Potencia euroasiática de servir como fuerza suprema de “equilibrio” en Eurasia a lo largo del siglo XXI para lo cual aspira a presentarse como una alternativa pragmática a los numerosos países que se ven cada vez más obligados a elegir entre EEUU y China. En otras palabras, al igual que Rusia espera “equilibrar” entre Estados Unidos y China (lo primero depende del resultado de la próxima cumbre entre Putin y Biden, aunque ese acontecimiento ha sido precedido por algunos avances positivos hasta ahora), también espera ayudar a sus socios de toda Eurasia a hacer lo mismo.

En la práctica, esto puede dar lugar a que Rusia desempeñe un papel económico más importante en esos países, sobre todo cuando se trata de ciertos tipos de infraestructuras como la energía y los ferrocarriles. Además, aquellos países que son más susceptibles a ciertas amenazas de guerra híbrida pueden hacer uso de la amplia gama de soluciones de “seguridad democrática” personalizadas de Rusia, tal y como hacen actualmente Siria y la República Centroafricana. Moscú espera utilizar estos medios para ampliar su influencia dentro de sus “estados profundos”, sentando así las bases para unas relaciones más amplias entre ellos, especialmente en el sentido político y comercial. Otra vía para conseguirlo es a través de su “diplomacia de la vacuna”, consistente en vender su eficaz Sputnik V a quien lo desee, lo que también mejora su poder blando dentro de cada una de las sociedades receptoras.

Rusia es consciente de que carece de la capacidad económica para competir con China y EEUU, por lo que debe forjar ciertos nichos para sí misma, todo lo cual mejora también la capacidad de “equilibrio” de sus socios. Se trata de un papel muy singular que sólo Rusia está preparada para desempeñar, ya que sus otras grandes potencias, como algunos países de la UE o Japón, no tienen la reputación de tomar decisiones independientes que tiene Moscú. Sus intentos de replicar el modelo ruso sólo serían superficiales en el sentido de promover de facto los intereses estratégicos estadounidenses frente a China sin mejorar las capacidades de “equilibrio” de sus socios. Dado que Rusia y China mantienen relaciones muy estrechas, como se ha explicado anteriormente, no se espera que Pekín reaccione negativamente a los movimientos de Moscú, ya que éstos promueven su visión compartida de la multipolaridad, a diferencia de lo que puedan hacer Washington y sus aliados.

3. ¿Las conexiones entre China y Europa, ya sea por mar a través del Estrecho de Bering o por ferrocarril a través de Rusia, alterarán significativamente la Ruta de la Seda y el Cinturón por mar, es decir, la ruta a través del Canal de Suez? En caso afirmativo, ¿cuáles son las repercusiones para la Europa mediterránea y el equilibrio en Oriente Medio?

La mayor parte del comercio entre China y la UE se lleva a cabo a través de alta mar, aunque Pekín quiere aumentar la cantidad que se produce a través de las rutas terrestres por razones de seguridad estratégica relacionadas con la lucha contra cualquier escenario en el que la poderosa Armada de EE.UU. pudiera cortar sus líneas comerciales en caso de crisis. En la actualidad existen varios corredores alternativos Este-Oeste que, o bien están en servicio y se espera que se amplíen en un futuro próximo, o bien están seriamente planificados. De norte a sur, se trata de la “Ruta de la Seda Polar” a través del Ártico, el Puente Terrestre Euroasiático a través de Rusia, el “Corredor Medio” con Turquía a través de Asia Central-Mar Caspio-Cáucaso Sur, el corredor económico China-Asia Central-Asia Occidental (“Ruta de la Seda de Asia Central”), y la expansión occidental del proyecto insignia de la Iniciativa Cinturón y Ruta (BRI) del Corredor Económico China-Pakistán (W-CPEC+) a través de Irán, Turquía, y de ahí a la UE.

Las consecuencias de estas diversas Rutas de la Seda sobre el Canal de Suez no se dejarán sentir durante algún tiempo, ya que ese punto de estrangulamiento seguirá siendo importante al menos durante la próxima década o dos. Además, Israel está considerando algo llamado “Corredor Rojo-Mediterráneo”, que es un ferrocarril de alta velocidad que conecta esos dos mares. Podría funcionar como complemento, si no como alternativa, al Canal de Suez, teniendo en cuenta el inesperado bloqueo que se produjo a principios de este año. En cualquier caso, la Europa mediterránea no tiene mucho de qué preocuparse porque China siempre seguirá utilizando esa ruta marítima. Así lo demuestran sus cuantiosas inversiones en el puerto griego de Pireaus, así como sus planes de construir una línea ferroviaria de alta velocidad desde allí hasta Budapest y, potencialmente, hasta el norte de Varsovia y quizá incluso Helsinki. La inversión de China en la conectividad norte-sur dentro de Europa Central y Oriental (ECE) pone de manifiesto su serio compromiso con la continuidad del comercio marítimo con la UE a través del Canal de Suez.

4. En Israel, una parte considerable de la población es de origen ruso y, al fin y al cabo, siempre ha habido conversaciones entre los dirigentes de ambos países. Teniendo en cuenta que Estados Unidos, por utilizar las palabras de Tom Luongo, ha dejado a Israel dando vueltas en el aire, ¿podrían abrirse nuevos espacios para alguna forma de cooperación entre rusos e israelíes?

Ya se han abierto nuevos espacios de cooperación, esto no es nada nuevo, pero es ignorado a propósito por la mayoría de los medios de comunicación convencionales y alternativos, aunque por diferentes razones. Hice un hipervínculo a 15 de mis análisis relevantes sobre este tema de los últimos años en mi artículo a principios de este año preguntando, “¿Por qué los medios alternativos no están preguntando sobre los S-300 después del último ataque de Biden en Siria?“, que debería ser revisado por cualquier lector que esté interesado en aprender más sobre la realidad de su alianza de facto que describo a través del portmanteau de “Rusrael”. De hecho, podría decirse que es uno de los factores más importantes en la geopolítica contemporánea de Asia Occidental. Los principales medios de comunicación no hablan de ello porque consideran a Rusia como el mal supremo, mientras que Israel es el bien supremo a sus ojos, mientras que lo contrario es cierto para los medios alternativos. Por lo tanto, informar de los hechos sobre su estrecha coordinación estratégica en Asia Occidental socavaría las narrativas de ambos.

Rusia “facilitó pasivamente” literalmente cientos de ataques israelíes contra el CGRI y Hezbolá desde el inicio de su intervención antiterrorista en la República Árabe en septiembre de 2015. Pocos días antes de su inicio, el ex primer ministro Netanyahu se reunió con el presidente Putin en Moscú, donde acordaron el llamado “acuerdo de desconflicción” para coordinar estos ataques. Además, Rusia reconoció tras el incidente aéreo de septiembre de 2018 que apartó a Irán y a sus fuerzas aliadas de los Altos del Golán ocupados a petición de Israel. También reveló que sus fuerzas especiales están buscando los restos de las FDI perdidos desde hace tiempo en Siria, incluso en medio de los tiroteos entre el Ejército Árabe Sirio (SAA) y el ISIS, según RT. De hecho, fue a través de estos esfuerzos que Rusia encontró los restos de Zachary Baumel hace unos años y los devolvió a Israel.

El comercio y las inversiones bilaterales también están aumentando, al igual que los lazos interpersonales, que el Presidente Putin elogia regularmente cuando habla de los lazos de Rusia con Israel. A principios de este año, las dos partes acordaron también cooperar en una amplia gama de asuntos de seguridad interna, según The Times of Israel, lo que incluye también la lucha contra el terrorismo. Nada de esto es un secreto, sino que se informa abiertamente en los medios de comunicación rusos e israelíes, pero la mayoría de los medios de comunicación convencionales y alternativos siguen negándose a prestar mucha atención a esto por las razones mencionadas anteriormente, que se reducen esencialmente a sus respectivas narrativas “políticamente correctas” que imponen a sus audiencias. Los primeros no pueden permitirse presentar a Rusia bajo una luz positiva, al igual que los segundos no pueden hacer lo mismo con Israel, pero los curiosos pueden hacer su propia investigación para confirmar lo que acabo de compartir.

5. ¿Están Rusia y China a favor de la bomba atómica iraní? ¿Cuál sería su reacción ante un ataque israelí a Irán?

Ninguno de ellos está a favor de una bomba atómica iraní, ni de un ataque israelí a Irán, aunque no tienen mucha influencia sobre ninguno de estos dos escenarios. No emprenderán ninguna acción significativa para evitar ninguno de los dos, salvo quizás aceptar las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra la República Islámica en el peor de los casos, como ya hicieron hace una década. Aun así, es muy poco probable que vuelvan a hacerlo, y mucho menos a corto plazo, ya que cada uno de ellos tiene planes para invertir más en la República Islámica y, por lo tanto, no van a “cortarse la nariz para fastidiar la cara”, por así decirlo. En cuanto al segundo escenario sobre un ataque israelí a Irán, lo máximo que podrían hacer es vender sistemas de defensa aérea a Teherán, pero no considerarán ninguna sanción contra el autoproclamado “Estado judío”. Sencillamente, pretenden “equilibrar” entre esos dos rivales regionales.

6. El American Conservative, entre muchos otros, escribió que la pesadilla de Putin se llama Erdogan. ¿Cómo hará frente a su descarado activismo en el Cáucaso, en el Asia de habla turca, en Ucrania e incluso en Polonia? En este sentido, ¿es concebible un acuerdo con Estados Unidos, resultado de un posible apaciguamiento entre ambos países, para castigar al presidente Erdogan y su neo-otomanismo?

Los dirigentes rusos y turcos están haciendo todo lo posible para gestionar de forma responsable su “competencia amistosa” mutua, pero esto requerirá inevitablemente algo más que diplomacia personal al más alto nivel. Parte de la solución reside en reforzar el comercio y la conectividad entre ellos para que sirva de elemento disuasorio para que cualquiera de las partes emprenda cualquier acción unilateral que pueda perjudicar gravemente los intereses de la otra. En la práctica, ya se puede observar que esto está ocurriendo, lo que incluye también la construcción de reactores nucleares turcos por parte de Rusia. La victoria de Azerbaiyán en la guerra del Karabaj del año pasado podría convertir el Cáucaso Sur en una plataforma para ampliar la conectividad entre ellos e Irán, según la propuesta del presidente Aliyev de crear una plataforma de integración regional de seis países.

La solución a largo plazo es que Rusia y Turquía coordinen sus relaciones bilaterales y cada uno de sus lazos con los países de sus “esferas de influencia” superpuestas en el Cáucaso Meridional y Asia Central mediante el establecimiento de un nuevo marco institucional o la inclusión de Ankara en los ya existentes que incluyen esas regiones. Lo primero podría implicar algún tipo de sinergia simbólica entre el “Mundo Ruso” y el “Mundo Turco”, mientras que lo segundo podría llevar a Turquía a unirse a la Unión Económica Euroasiática y/o a la Organización de Cooperación de Shangai (OCS, que es mucho más multilateral aunque, por tanto, menos capaz de centrarse en las necesidades más acuciantes de esas dos Grandes Potencias). En cualquier caso, la base para regular de forma sostenible su “competencia amistosa” en este amplio espacio debe ser algo más que la diplomacia personal y el comercio.

En cuanto a la posibilidad de que EE.UU. coopte a Turquía para animarla a perturbar la situación en las regiones en las que está comprometida en una “competencia amistosa” ahora manejable con Rusia, eso siempre es posible en teoría, pero no está claro que Ankara acepte comportarse de forma tan irresponsable. Al fin y al cabo, también se beneficia de la estabilidad en el sur del Cáucaso y en Asia Central. Rusia tampoco es un obstáculo para la expansión del poder blando y la influencia económica de Turquía allí. Moscú podría sentirse algo incómodo con las consecuencias estratégicas a largo plazo si la influencia de Ankara se extiende sin control por esos espacios estratégicos, pero es poco probable que se produzca un resultado de suma cero, ya que la mayoría de los Estados de Asia Central tienen un pacto de defensa mutua con Rusia a través de la OTSC. Por lo tanto, es poco probable que Turquía suponga una amenaza latente para la seguridad de Rusia allí.

7. A pesar de que la política asertiva de Rusia se está expandiendo por todo el mundo, incluso en el llamado patio trasero de Estados Unidos, en su opinión su mayor interés político seguirá siendo Europa, no sólo Europa del Este.

Me gustaría aclarar cualquier posible insinuación contenida en la presente pregunta que pudiera implicar que la expansión de la influencia de Rusia en todo el mundo y especialmente en Europa es algo agresivo o desestabilizador. Todos los socios de Rusia allí, que incluyen Estados de la UE y la OTAN como Hungría, cooperan voluntariamente con ella y no lo hacen bajo ningún tipo de coacción o debido a la corrupción. Reconocen los beneficios inherentes a la cooperación con Moscú, ya que consideran, con razón, que las relaciones con Rusia son un medio para mejorar sus respectivos actos de “equilibrio”. Lo mismo ocurre con Alemania en relación con Nord Stream II, ya que tiene un interés compartido con Rusia en este megaproyecto. A diferencia de EE.UU., Rusia no pone ultimátums a sus socios ni se inmiscuye en sus relaciones con otros, como los Estados Unidos. Esta es una diferencia crucial que explica el reciente atractivo de Rusia para ellos.

Para responder a la pregunta después de haber aclarado cualquier malentendido que los lectores puedan tener de la pregunta que se ha formulado, Europa en su conjunto siempre seguirá siendo muy importante para Rusia, ya que el país es una parte histórica de esa civilización que es también su principal socio comercial. Además, sus economías están comparativamente más desarrolladas que las de la mayoría de las demás partes del mundo, excepto Norteamérica y Asia Oriental, por lo que siempre habrá interés en ampliar las relaciones con ellas, por muy mal que estén sus vínculos actuales como resultado de la presión externa (estadounidense) sobre sus gobiernos. No obstante, Rusia ha comenzado a ampliar sus horizontes estratégicos desde 2014 en respuesta a las sanciones que la UE le impuso a instancias de Estados Unidos. Esto ha hecho que Rusia diversifique su enfoque estratégico hacia el Sur Global.

Aunque la mayoría de los observadores tienden a concentrarse en sus vínculos con China, hay mucho más que eso. Rusia mantiene excelentes relaciones con India, a la que considera un medio “amistoso” para “equilibrar” a China, especialmente dentro de los grupos BRICS y OCS en los que participan los tres. Turquía es otro socio importante para Rusia, especialmente en los últimos años, ya que Ankara ha tratado de aprovechar sus nuevos lazos con Moscú para mejorar su propio acto de “equilibrio” con respecto a Estados Unidos tras los graves desacuerdos con su aliado de la OTAN sobre el armamento de Washington a los combatientes kurdos en Siria que Turquía considera terroristas. Lo que más merece la pena es prestar atención no al llamado “Pivote hacia Asia” de Rusia (o “Giro hacia Asia”, como lo describen muchos en Rusia), sino a lo que ya he afirmado que es su “Pivote de la Ummah”, que consiste en comprometerse de forma integral con los países de mayoría musulmana de su periferia meridional y más allá.

Como parte de su gran ambición estratégica del siglo XXI de convertirse en la fuerza suprema de “equilibrio” en Eurasia, Rusia ha intentado recientemente cultivar relaciones estratégicas con socios no tradicionales como Afganistán, Azerbaiyán, Irán, Pakistán, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, además de Turquía, por supuesto. Estas asociaciones en rápida expansión han provocado a veces la preocupación de algunos de los socios tradicionales de Rusia, como Armenia, India y Siria, pero Moscú sigue haciendo todo lo posible por “equilibrar” los distintos pares de rivales asegurándose de que ninguno de sus movimientos hacia uno de ellos se produzca a costa del otro (aunque algunos lo perciban de otro modo). En conjunto, la comunidad musulmana internacional (“Ummah”), especialmente los países situados en el oeste y el sur de Asia, ha surgido de repente como un importante foco de atención de la estrategia rusa.

Por ejemplo, la mencionada plataforma de integración regional de seis naciones en el Cáucaso Sur servirá para ampliar la conectividad de Rusia con Turquía e Irán. El Corredor de Transporte Norte-Sur (NSTC) con Azerbaiyán, Irán e India situará a la República Islámica en el centro de esta ruta comercial transregional. Los planes para ampliar de facto el CPEC hacia el norte (N-CPEC+) a través del ferrocarril trilateral recientemente acordado entre Pakistán, Afganistán y Uzbekistán (PAKAFUZ) complementarán el NSTC dando a Rusia otra ruta hacia el Océano Índico que históricamente ha querido alcanzar. Estos tres corredores norte-sur facilitarán los alcances económicos de Rusia con África, que también ha surgido recientemente como un foco estratégico, aunque ni de lejos tan importante como lo es la Umma. Los estados de la ASEAN también son socios prometedores, con los que Rusia planea comprometerse más a través del Corredor Marítimo Vladivostok-Chennai (VCMC) que anunció en 2019 con la India.

Lo que todo esto significa es que, si bien Europa puede seguir siendo el socio preferido de Rusia por razones económicas, geográficas e históricas, ya no es el objetivo principal de Moscú desde 2014. China, India y la Ummah son cada vez más importantes para su gran cálculo estratégico, y cada uno de estos tres países ocupa ahora papeles complementarios dentro de su imaginada Gran Asociación Euroasiática (GEP). De hecho, el éxito de la integración con esos Estados del Sur Global podría ayudar a compensar el reciente empeoramiento de las relaciones entre Rusia y la UE, así como proporcionar a Moscú la influencia necesaria para, tal vez, negociar un avance en las relaciones con Europa. Después de todo, la UE pensaba antes que Rusia la necesitaba más que a la inversa, pero en realidad ninguno de los dos “necesita” ya al otro. Esto podría inspirar políticas más pragmáticas por parte de los países europeos hacia Rusia con el tiempo, especialmente en el posible contexto de una mejora gradual de las relaciones ruso-estadounidenses.

8. ¿Puede darnos su opinión sobre la abolición del Tratado de Cielos Abiertos, y su predicción sobre el resultado de la próxima reunión entre Joe Biden y Vladimir Putin?

La abolición del Tratado es una desafortunada víctima del empeoramiento de las relaciones ruso-estadounidenses, y la seguridad internacional se verá sin duda afectada negativamente por ello. En cuanto al resultado de la próxima reunión entre los líderes rusos y estadounidenses, predigo que no habrá ningún resultado dramático, pero que sin embargo será un paso pragmático en la dirección de regular responsablemente su competencia global. Esto, a su vez, aliviará la presión sobre el flanco occidental de Rusia y, al mismo tiempo, liberará a Estados Unidos para que dedique más recursos a “contener” a China. Me explayé más sobre las consecuencias estratégicas de esta predicción en mi última columna de experto para el Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC) titulada “Hacia una multipolaridad cada vez más compleja: Escenario para el futuro“.

En resumen, preveo que Rusia, Turquía, India y China seguirán ampliando su influencia en Eurasia, tanto cooperando como “equilibrándose” entre sí de diversas maneras, la mayoría de ellas “amistosas”. Sin embargo, esta dinámica estratégica está madura para que Estados Unidos la explote desde el exterior en su ambición de dividir y gobernar el supercontinente, aunque también presenta muchas oportunidades para que esos países lo estabilicen de forma más sostenible, siempre que tengan la voluntad política de hacerlo, incluso asumiendo algunos duros compromisos mutuos cuando sea necesario. La llamada “Era de la Complejidad” está sobre nosotros, en la que todo está evolucionando a un ritmo sin precedentes, acelerado por los procesos de cambio de paradigma de amplio espectro catalizados por los intentos descoordinados del mundo de contener la COVID-19, o Guerra Mundial C, como yo la llamo.

Tres de mis análisis más relevantes sobre este concepto son sobre cómo 1) “La conexión entre la Guerra Mundial C y los procesos psicológicos es seriamente preocupante“,2) “Las cinco tareas más importantes de Rusia para sobrevivir a la Guerra Mundial C“, y cómo 3) “El discurso del presidente Putin en Davos definió la era de la Guerra Mundial C“. Es en este contexto de transformación donde se desarrollan todos los procesos descritos anteriormente, lo que hace que todo sea más incierto y, por tanto, complejo. En mi opinión, sólo conociendo en profundidad todo lo que conlleva la Guerra Mundial C se puede hacer una previsión acertada hoy en día teniendo en cuenta lo radicalmente que está cambiando todo, por no hablar de lo rápido que se están produciendo dichos cambios. Por lo tanto, animo a todo el mundo a publicar sus propios pensamientos sobre la Guerra Mundial C para contribuir a la literatura y enriquecer nuestra visión.


La entrevista se publicó originalmente en italiano en Mittdolcino

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