Estos son los tres objetivos estratégicos de Rusia en Afganistán

Escrito por Andrew Korybko via RIAC


La retirada simbólica del ejército estadounidense de la base aérea de Bagram, la más grande de Afganistán, demuestra su compromiso de cumplir la promesa del presidente Joe Biden de abandonar el país antes del 11 de septiembre. También ha suscitado preguntas sobre los intereses de las naciones de la región en un Afganistán posterior a la retirada.

Rusia ha surgido recientemente como una fuerza diplomática en el conflicto, después de acoger pragmáticamente a los talibanes (prohibidos por Moscú como grupo terrorista) en un par de ocasiones para facilitar el proceso de paz. También tiene intereses de seguridad en Asia Central, sobre todo porque tres de las naciones de la región – Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán – son miembros de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), un pacto de defensa mutua dirigido por Moscú.

Dmitry Zhirnov, embajador de Rusia en Afganistán, declaró a finales del mes pasado que “no existe una amenaza inmediata [para Rusia] por parte de los talibanes” porque “no son lo suficientemente fuertes como para tomar la capital u otras grandes ciudades del país”. Poco después, Vasily Nebenzia, representante permanente de Rusia en la ONU, señaló que “no se puede encontrar una solución sin tener en cuenta el hecho de que los talibanes se han convertido en parte del paisaje político de Afganistán”. Inmediatamente después, el Consejero de Seguridad Nacional afgano visitó Moscú para reunirse con su homólogo ruso para realizar consultas. Al día siguiente, el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, y el enviado presidencial especial ruso a Afganistán, Zamir Kabulov, hicieron importantes declaraciones.

El Sr. Lavrov advirtió de la acumulación de ISIS (prohibido por Moscú como grupo terrorista) en el norte de Afganistán, que achacó al “comportamiento irresponsable de algunos funcionarios en Kabul y en medio de la precipitada retirada de la OTAN”. El máximo diplomático ruso continuó diciendo que la “troika ampliada” de su país, China, Pakistán y Estados Unidos “tratará de persuadir a los círculos políticos sobre la necesidad de dejar de alargar el proceso de negociación, y que hay que lograr acuerdos sobre un gobierno de transición”. Por su parte, Kabulov aconsejó que la inminente retirada de Estados Unidos no suponga el redespliegue de las fuerzas estadounidenses y de la OTAN en Asia Central. El enviado también reafirmó el deseo de Rusia de ver la creación de un gobierno de coalición.

Teniendo en cuenta estos pronunciamientos políticos, está claro que los objetivos inmediatos de Rusia están relacionados con sus intereses de seguridad. No se debe permitir que el ISIS continúe su expansión en Afganistán, especialmente porque esto podría amenazar a los aliados de Rusia en Asia Central. La prolongada guerra civil en el país distrae a Kabul y a los talibanes de la contención de esa amenaza terrorista mucho más peligrosa. Por ello, Rusia quiere que ambos se unan para crear un gobierno de coalición, de modo que puedan centrar sus esfuerzos en derrotar al ISIS en lugar de luchar entre sí. Si una resolución política de la guerra civil consigue estabilizar la situación de seguridad en ese país, las partes interesadas de la región apenas tendrían que preocuparse por una posible afluencia de refugiados.

El segundo lugar en la lista de prioridades de Rusia es su deseo de que Estados Unidos no despliegue sus fuerzas en ningún otro lugar de la región tras su inminente retirada de Afganistán. El primer ministro pakistaní, Imran Khan, ya dejó claro que “no permitirá en absoluto” que Estados Unidos establezca bases militares en su país. Dado que Estados Unidos ya no puede confiar en su socio tradicional -puesto que Pakistán ha comenzado recientemente a comportarse de forma mucho más independiente en su política exterior-, su único plan alternativo es intentar acercarse a las repúblicas de Asia Central que se encuentran dentro de la llamada “esfera de influencia” de Rusia. Sin embargo, dado que se encuentran dentro de una de las regiones que más preocupan a Rusia, es posible que tampoco tenga éxito en este aspecto. Si algún Estado decide acogerlos, esto complicará los vínculos con Moscú.

La tercera prioridad es garantizar de forma sostenible la estabilidad de Afganistán a largo plazo, lo cual es muy difícil de conseguir ya que su futuro es muy incierto. En cualquier caso, esta causa podría avanzar si se considerara su ingreso formal en la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), así como la atracción de más inversiones extranjeras en su industria de minerales de tierras raras, cuyo valor se predice en hasta 3 trillones de dólares. Aun así, la riqueza de recursos de Afganistán podría carecer de sentido para la gran mayoría de su población, en gran parte empobrecida, si no se distribuye entre ellos de la forma más equitativa posible. Cualquiera que sea la fuerza política o el arreglo de la misma que termine en el poder en Kabul tendrá que formular las políticas pertinentes para lograrlo. También tendrá que vigilar de cerca la corrupción.

Sin embargo, la oportunidad económica más prometedora para Afganistán es el ferrocarril trilateral que acordó construir con Pakistán y Uzbekistán en febrero y que puede denominarse casualmente PAKAFUZ, por las primeras letras del nombre de cada país participante. Este proyecto cumpliría, en esencia, la visión del presidente Putin articulada en octubre de 2019 durante su discurso en el prestigioso think tank Valdai Club para un corredor Norte-Sur que se extienda desde el Océano Ártico hasta el Océano Índico a través de Siberia. En espíritu, también representaría la expansión hacia el Norte del Corredor Económico China-Pakistán (CPEC), el proyecto insignia de la Iniciativa Cinturón y Ruta (BRI) de Pekín. Por lo tanto, los intereses de conectividad de Rusia, Pakistán y China convergen en Afganistán.

Así pues, Rusia debería tratar de desempeñar un papel de liderazgo en el PAKAFUZ, quizás viendo si sus empresas pueden participar en la construcción del proyecto. Como mínimo, Moscú debe empezar a planificar para aprovechar este futuro corredor que podría llegar hasta la India. Este escenario fue planteado por el Jefe del Estado Mayor del Ejército pakistaní (COAS), el general Qamar Javed Bajwa, en su discurso de inauguración del Diálogo de Seguridad de Islamabad en marzo. Afirmó que “una relación estable entre India y Pakistán es la clave para liberar el potencial sin explotar del sur y el centro de Asia, asegurando la conectividad entre Asia oriental y occidental”. Por lo tanto, una resolución pacífica del conflicto de Cachemira, que dura décadas, podría hacer realidad este sueño, y Rusia tendría la oportunidad de ofrecer sus servicios diplomáticos para facilitarlo.

Para resumir todo, los objetivos estratégicos de Rusia en Afganistán son varios. Son, en primer lugar, contener las amenazas terroristas regionales que puedan emanar del país, lo que requiere el establecimiento de un gobierno de coalición allí que incluya a los talibanes. Moscú también debe impedir que Washington establezca bases militares en Asia Central. Sólo entonces podrá concentrarse en garantizar de forma sostenible la estabilidad de Afganistán a largo plazo, lo que puede lograrse mejor a través de tres medios: 1) admitiéndolo en la OCS como miembro formal; 2) invirtiendo en su enorme industria minera; y 3) participando en el proyecto PAKAFUZ para ser pionero en un corredor de conectividad entre Asia Central y el Sur de Asia a través de ese país, que podría llegar algún día hasta la India.

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