EEUU es responsable de los recientes disturbios en el Caribe

Escrito por Andrew Korybko via OneWorld


Los observadores casuales han señalado que esta región es crónicamente inestable, pero la realidad es que todos sus disturbios pueden remontarse de una manera u otra a Estados Unidos.

El Caribe ha cautivado recientemente la atención del mundo a raíz de los dramáticos acontecimientos ocurridos en Haití y Cuba. El primero vio cómo su presidente era asesinado la semana pasada por un escuadrón de mercenarios, en su mayoría latinoamericanos, mientras que el segundo está experimentando protestas inesperadas en respuesta a las consecuencias socioeconómicas de la pandemia del COVID-19. Los observadores casuales han señalado que esta región es crónicamente inestable, pero la realidad es que todos sus disturbios pueden, de un modo u otro, remontarse a Estados Unidos.

En cuanto a Haití, la investigación en curso ha revelado que Christian Emmanuel Sanon, residente en Florida y nacido en Haití, está relacionado con el asesinato del presidente haitiano Jovenel Moise. Según los informes, ordenó a los mercenarios que detuvieran al líder del país, pero por alguna razón acabaron matándolo, incluso supuestamente torturándolo también antes de su muerte. Al parecer, Sanon quería sustituirlo como líder haitiano. Además, algunos de los sospechosos eran, al parecer, informantes de la DEA y otros fueron incluso entrenados por el ejército estadounidense.

Cabe mencionar que Haití ha sido inestable durante bastante tiempo, incluso antes del asesinato de la semana pasada. Algunos observadores achacan sus problemas sistémicos a la herencia duradera del colonialismo francés y el neoimperialismo estadounidense, este último manifestado a través de grupos supuestamente filantrópicos e hipercapitalistas explotadores.

Haití fue el primer país mayoritariamente negro que se liberó del colonialismo y podría haber sido un brillante ejemplo para el resto del mundo si no hubiera sido saboteado durante aproximadamente los dos últimos siglos.

En cuanto a Cuba, el ministro de Asuntos Exteriores, Bruno Rodríguez, acusó a los mercenarios estadounidenses de estar detrás de las últimas protestas. Afirmó que están tratando de fomentar una Revolución de Colores para cumplir finalmente el sueño de décadas de Estados Unidos de cambiar el régimen del país comunista. El presidente Miguel Díaz-Canel también culpó a EE.UU., y en concreto a su régimen de sanciones unilateral y, por tanto, ilegal a nivel internacional. Además, hizo un llamamiento a las fuerzas patrióticas para que salgan a la calle a realizar concentraciones pacíficas en apoyo de los principios revolucionarios de su país.

Lo que es especialmente preocupante en el caso de Cuba es la rapidez con la que algunos en Estados Unidos pidieron una invasión de la nación insular. El alcalde de Miami, que alberga una enorme población de la diáspora cubana, en su mayoría anticomunista, exigió que se enviaran tropas allí. El senador de Florida Marco Rubio, de origen cubano, también apoyó el movimiento antigubernamental. El presidente de EE.UU., Joe Biden, también lo hizo, aunque provocó las críticas del ex presidente de EE.UU., Donald Trump, por no ser supuestamente lo suficientemente duro.

Los recientes disturbios en Haití y Cuba obedecen en parte a razones internas objetivamente existentes, debido al deterioro de sus condiciones socioeconómicas provocado por las consecuencias de la pandemia del COVID-19, pero todos los países del mundo experimentan este tipo de dificultades en estos momentos.

Lo que es único en sus problemas actuales es la conexión que tienen con Estados Unidos, en particular con Florida, donde residen muchos miembros de la diáspora contrarios al gobierno. Estas comunidades desempeñan un papel destacado en la agitación del cambio de régimen en su país.

En el mejor de los casos, el gobierno de Estados Unidos hace la vista gorda ante sus actividades, incluidas las ilegales a nivel internacional, como las de algunas personas que supuestamente participaron en la conspiración para asesinar al ex presidente de Haití. Eso significaría que el país no puede controlar lo que ocurre en sus propias fronteras a pesar de que esas actividades constituyen una amenaza regional. Pero también sería ingenuo, ya que es bien sabido que el gobierno estadounidense coopera con miembros antigubernamentales de la diáspora regional para influir en los procesos políticos de sus países.

No se puede saber con certeza en este momento si tal es el caso de Haití, pero es casi seguro que lo es para Cuba, con precedentes históricos que lo atestiguan. El régimen de sanciones ilegales de Estados Unidos contra Cuba, y no el partido comunista del país, es el responsable más directo de frenar el desarrollo de la nación insular.

En cuanto a Haití, Estados Unidos no ha reconstruido el país tras el devastador terremoto de 2010. La mejor manera de que Estados Unidos ayude a sus vecinos caribeños es simplemente dejar de inmiscuirse en sus asuntos, ya sea directa o indirectamente.

Sin embargo, no parece probable que esto ocurra, ya que los instintos hegemónicos unipolares de Estados Unidos le impiden pensar racionalmente y dar prioridad al desarrollo de otros pueblos. Lo único que le importa es el dinero y el poder, en perfecta consonancia con sus motivaciones capitalistas.

Además, los recientes disturbios caribeños relacionados con Estados Unidos también sirven a importantes propósitos partidistas en el país, teniendo en cuenta el hecho de que Florida – donde reside gran parte de su diáspora antigubernamental – es siempre un estado de batalla durante las elecciones presidenciales.

Por lo tanto, tanto los demócratas como los republicanos tienen motivos políticos propios para seguir avivando las llamas en ambos países, aunque sea con una retórica irresponsable, para atraer a los votantes haitianos y cubanos en ese estado. Esto significa que los observadores no deberían esperar que Estados Unidos se contenga. Por el contrario, el gobierno estadounidense en su conjunto, así como los dos partidos que constituyen su duopolio gobernante, creen erróneamente que tienen todo que ganar si continúan inmiscuyéndose en esos países, lo que augura un futuro negativo para ellos.

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