G7: Buscando la relevancia desesperadamente

Escrito por Pepe Escobar vía AsiaTimes


El próximo G7 en Cornualles podría verse en un principio como el estrafalario encuentro de “America is Back” con “Global Britain”.

Sin embargo, el panorama general es mucho más delicado. Tres cumbres seguidas – G7, OTAN y EEUU-UE – prepararan el camino para un esperado momento de suspenso: la cumbre Putin-Biden en Ginebra – que ciertamente no será un reset.

Los intereses que controlan el holograma que responde al nombre de “Joe Biden” tienen una clara agenda general: regimentar las democracias industrializadas – especialmente las europeas – y mantenerlas bajo su mando para combatir esas amenazas “autoritarias” contra la seguridad nacional de Estados Unidos, la “maligna” Rusia y China.

Es como un regreso a esos días tan estables de la Guerra Fría de los 70, con James Bond luchando contra demonios extranjeros y Deep Purple subvirtiendo el comunismo. Bueno, the times they are-a-changin’. China es muy consciente de que ahora el Sur Global “representa casi dos tercios de la economía mundial, frente a un tercio de Occidente: en los años setenta era exactamente lo contrario”.

Para el Sur Global – es decir, la inmensa mayoría del planeta – el G7 es en gran medida irrelevante. Lo que importa es el G20.

China, la superpotencia económica en ascenso, procede del Sur Global y es líder en el G20. A pesar de todos sus problemas internos, los actores de la UE en el G7 – Alemania, Francia e Italia – no pueden permitirse enemistarse con Beijing en términos económicos, comerciales y de inversión.

Un G7 reiniciado como cruzada sinofóbica no tendrá adeptos. Incluyendo a Japón e invitados especiales en Cornualles: la potencia tecnológica Corea del Sur, e India y Sudáfrica (ambos miembros de los BRICS), a los que se les ofreció la zanahoria colgante de una posible ampliación de la membresía.

El deseo de Washington, junto con su ofensiva de relaciones públicas, se reduce a venderse a sí mismo como el primus inter pares de Occidente como un líder mundial revitalizado. La razón por la que el Sur Global no se lo cree puede observarse, gráficamente, en lo que ha ocurrido en los últimos ocho años. El G7 – y especialmente los estadounidenses – simplemente no pudo responder a la estrategia de comercio y desarrollo de gran alcance de China en toda Eurasia, ni a la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI).

La “estrategia” estadounidense hasta ahora – la demonización 24/7 de la BRI como una “trampa de la deuda” y una máquina de “trabajo forzado” – no sirvió. Ahora, demasiado poco y demasiado tarde, llega un plan del G7, en el que participan “socios” como la India, para “apoyar”, al menos en teoría, vagos “proyectos de alta calidad” en todo el Sur Global: se trata de la Iniciativa Verde Limpia , centrada en el desarrollo sostenible y la transición verde, que se debatirá tanto en la cumbre del G7 como en la de Estados Unidos y la UE.

Comparada con la BRI, la Iniciativa Verde Limpia apenas puede considerarse una estrategia geopolítica y geoeconómica coherente. La BRI ha sido respaldada y asociada por más de 150 países y organismos internacionales, entre ellos más de la mitad de los 27 miembros de la UE.

Los hechos sobre el terreno lo demuestran. China y la ASEAN están a punto de cerrar un acuerdo de “asociación estratégica global”. El comercio entre China y los Países de Europa Central y Oriental (PECO), también conocidos como el grupo 17+1, que incluye a 12 naciones de la UE, sigue aumentando. La Ruta de la Seda Digital, la Ruta de la Seda de la Salud y la Ruta de la Seda Polar siguen avanzando.

Así que lo que queda es un fuerte rumor occidental sobre vagas inversiones en tecnología digital – quizás financiadas por el Banco Europeo de Inversiones, con sede en Luxemburgo – para cortar el “alcance autoritario” de China en el Sur Global.

La cumbre UE-EE.UU. podría poner en marcha un “Consejo de Comercio y Tecnología” para coordinar las políticas sobre la 5G, los semiconductores, las cadenas de suministro, el control de las exportaciones y las reglas y normas tecnológicas. Un suave recordatorio: la UE y EE.UU. simplemente no controlan este complejo entorno. Necesitan urgentemente a Corea del Sur, Taiwán y Japón.

Espere un minuto, Sr. Taxman

Para ser justos, es posible que el G7 haya prestado un servicio público a todo el mundo cuando sus ministros de Economía alcanzaron un supuesto acuerdo “histórico” el pasado sábado en Londres sobre un impuesto global mínimo del 15% a las empresas multinacionales (EMN).

El triunfalismo estaba a la orden del día – con un sinfín de alabanzas a la “justicia” y la “solidaridad fiscal”, acompañadas de muy malas noticias para diversos paraísos fiscales.

Bueno, eso es un poco más complicado.

Este impuesto ha sido discutido en los más altos niveles de la OCDE en París desde hace más de una década – especialmente porque los estados nacionales están perdiendo al menos $427 billones al año en la evasión de impuestos por parte de las multinacionales y multibillonarios variados. En cuanto al escenario europeo, eso ni siquiera tiene en cuenta la pérdida de I.V.A. por fraude – algo que practica alegremente Amazon, entre otros.

Así que no es de extrañar que los ministros de Economía del G7 tuvieran en la mirilla a Amazon por valor de $1.6 triillones. La división de computación en la nube de Amazon debe ser tratada como una entidad separada. En este caso, el megagrupo tecnológico tendrá que pagar más impuesto de sociedades en algunos de sus mayores mercados europeos – Alemania, Francia, Italia, Reino Unido – si se ratifica el impuesto global del 15%.

Así que sí, se trata sobre todo de las grandes empresas tecnológicas – expertas en fraude fiscal y en sacar provecho de los paraísos fiscales situados incluso dentro de Europa, como Irlanda y Luxemburgo. La forma en que se construyó la UE permitió que la competencia fiscal entre los Estados-nación se enconara. Discutir esto abiertamente en Bruselas sigue siendo prácticamente un tabú. En la lista oficial de paraísos fiscales de la UE, no se encuentra Luxemburgo, los Países Bajos o Malta.

Entonces, ¿podría ser todo esto un golpe de relaciones públicas? Es posible. El principal problema es que en el Consejo Europeo – donde los gobiernos de los Estados miembros de la UE discuten sus asuntos – llevan mucho tiempo arrastrando los pies y delegando todo el asunto a la OCDE.

En la actualidad, los detalles sobre el impuesto del 15% siguen siendo imprecisos – incluso cuando el gobierno de Estados Unidos se convertirá en el mayor beneficiario, ya que sus empresas multinacionales han trasladado sus enormes ganancias a todo el planeta para evitar impuestos corporativos estadounidenses.

Por no hablar de que nadie sabe si, cuándo y cómo se aceptará y aplicará el acuerdo a nivel mundial: será una tarea de Sísifista. Al menos se debatirá, de nuevo, en el G20 de Venecia en julio.

Lo que quiere Alemania

Sin Alemania no habría habido un avance real en el Acuerdo de Inversión UE-China a finales del año pasado. Con una nueva administración estadounidense, el acuerdo vuelve a estar estancado. La canciller saliente, Merkel, está en contra de la disociación económica entre China y la UE – al igual que los industriales alemanes. Será todo un espectáculo ver esta subtrama en el G7.

En pocas palabras: Alemania quiere seguir expandiéndose como potencia comercial mundial utilizando su gran base industrial, mientras que los anglosajones han abandonado por completo su base industrial para abrazar la financiarización no productiva. Y China, por su parte, quiere comerciar con todo el planeta. Adivinen quién es el que se queda fuera.

Teniendo en cuenta que el G7 es una reunión de facto del Hegemón con sus hienas, chacales y chihuahuas, también será todo un placer observar la semántica. ¿Qué grado de “amenaza existencial” se le atribuirá a Beijing – sobre todo porque para los intereses detrás del holograma “Biden”, la verdadera prioridad es el Indo-Pacífico?

A estos intereses les importa un bledo una UE que anhela más autonomía estratégica. Washington siempre anuncia sus diktats sin molestarse en consultar previamente a Bruselas.

Así que de esto consistirá esta triple X de cumbres – G7, OTAN y UE-EEUU –: el Hegemón tirando de todo para contener/acosar a la aparición de una potencia emergente alistando a sus satrapías para “luchar” y así preservar el “orden internacional basado en reglas” que diseñó hace más de siete décadas.

La historia dice que no funcionará. Sólo dos ejemplos: los imperios británico y francés no pudieron detener el ascenso de Estados Unidos en el siglo 19; y aún mejor, el eje angloamericano sólo detuvo el ascenso simultáneo de Alemania y Japón pagando el precio de dos guerras mundiales, con el imperio británico destruido y Alemania de nuevo como primera potencia de Europa.

Esto debería dar a la reunión entre “America is Back” y “Global Britain” en Cornualles el estatus de una mera y extravagante nota histórica a pie de página.

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