COVID-19: Asesino de Negros, Marrones y Pobres de EE.UU. y Haití

Escrito por Dady Chery via News Junkie Post

Se supone que esta semana debemos pensar en las disparidades de salud en los Estados Unidos basadas en la raza y el origen étnico, ya que el New York Times, el Washington Post, la National Public Radio, e incluso el USA Today están hablando de ello. Este es el tema candente, presumiblemente debido a un reciente análisis de la demografía de las muertes de COVID-19 por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC). Sin embargo, tal análisis no puede ser encontrado. En su lugar, los departamentos de salud pública de varios estados de EE.UU. publicaron simultáneamente sus desgloses raciales de COVID-19.

Uno no puede dejar de sospechar que este orquestado y repentino descubrimiento del racismo institucional de los EE.UU. no es más que una estratagema de año electoral para influenciar a los votantes negros e hispanos de uno a otro de los dos partidos políticos que no se preocupan por ellos. Los políticos han aprendido, de los redactores de discursos de Obama, que cuando plantean un problema con precisión sin prometer hacer nada al respecto, dejan a todos en la sala convencidos de que han dicho que se ocuparán del problema. Pero nunca se hace nada: ni por el partido político abiertamente xenófobo y racista que corteja a elementos de extrema derecha en el país y en el extranjero, ni por el partido metrosexual que dice todas las cosas correctas pero adopta las mismas políticas xenófobas y racistas a escondidas.

No obstante, estos datos deberían hacernos reflexionar más profundamente acerca de por qué los ciudadanos más pobres de este país están muriendo en mayor número a causa de un virus que, en principio, no discrimina por raza y etnia. Durante un tiempo, la CDC anunciaron a bombo y platillo el hecho de que el 90 por ciento de las personas hospitalizadas por el COVID-19 tenían problemas de salud subyacentes como la vejez, problemas pulmonares o cardiovasculares, diabetes o cáncer. Dado que muchos de estos problemas están relacionados con la obesidad, esto se ha utilizado como una forma de culpar a la víctima. Para ser franca al respecto, algunos escritores se detuvieron justo a punto de declarar, en particular a las poblaciones de los estados con grandes poblaciones de negros y latinos: “Es tu culpa que te estés muriendo, porque estás gordo”. A esto yo digo: “No. Estas muriendo porque eres pobre“.

Si hubieras sido gordo, de clase media y con una salud relativamente pobre, habrías huido de tu ciudad y trabajado desde tu casa de vacaciones. Habrías observado escrupulosamente las directivas para refugiarse en casa, ordenado entregas de comestibles, vino y comida para llevar, y todavía tendrías tus cheques de pago. Y si hubieras sido obeso, rico y con mala salud, habrías hecho las mismas cosas y quizás también te habrías preocupado de que el mercado de valores te hiciera menos rico. Pero incluso si hubieras charlado de cerca con gente como el Príncipe Carlos y te hubieras contagiado de SARS-CoV-2, habrías tenido una póliza de seguro médico de platino o dinero para donar una nueva ala del hospital, y habrías recibido una excelente atención y seria poco probable que murieras de COVID-19.

En Luisiana, por ejemplo, la probabilidad de que una persona negra haya muerto a causa de COVID-19 es del 70 por ciento, aunque los afroamericanos representan sólo el 32 por ciento de la población del estado. Por el contrario, la probabilidad de que una persona blanca haya muerto a causa de la pandemia es sólo del 29 por ciento, aunque este grupo demográfico representa el 62 por ciento de la población. Las cifras en Illinois y varios otros estados también son espantosas. Incluso en zonas como California y la ciudad de Nueva York, donde los datos agregados parecen no desvelar ningún racismo institucional, si se diseccionan las zonas con una gran población negra, surge el mismo patrón. Sin embargo, por sorprendentes que sean estas cifras, serían mucho peores si se desglosaran por ingresos y riqueza. Creo que la idea es hacernos pensar en la raza antes de empecemos a formar un pensamiento sobre la clase: de la misma manera que una capa roja distrae a un toro enfurecido de empalar a un matador.

Un factor importante que hace a los pobres más vulnerables a ser asesinados por el SARS-CoV-2 es su trabajo. Los pobres están abrumadoramente empleados en trabajos más expuestos, como el cuidado de niños, enfermos mentales y ancianos; trabajos de conserjería; trabajos en hospitales de bajo nivel; trabajos de tránsito, como conducir autobuses, y trabajos como baristas y empleados de supermercado. Muchos de esos trabajadores deben mantener dos o tres empleos para llegar a fin de mes, en un sistema que les niega el trabajo a tiempo completo para no tener seguro médico. En consecuencia, entran en contacto con muchas más personas cada día, generalmente en situaciones en las que están encerrados en espacios poco ventilados. Para llegar a sus trabajos, los más pobres de esos trabajadores toman autobuses y trenes públicos, que suelen estar abarrotados y también mal ventilados. En sus hogares, viven en grupos familiares más grandes en barrios donde el aire y el agua suelen estar contaminados. Por último, para los pobres, el proximo cheque de pago toma prioridad sobre todos los demás asuntos, incluidos los problemas de salud. Y así los pobres envejecen prematuramente: la mayoría nunca encuentran un momento para cuidarse y trabajan hasta que se agotan.

Por muy grave que parezca la situación en los Estados Unidos, es mucho peor en el mundo en desarrollo, donde muchos gobiernos son hostiles a sus poblaciones y son sostenidos desde el exterior. En Haití, por ejemplo, el llamado gobierno, que ahora se reduce sólo al poder ejecutivo, ha hecho todo lo posible para crear una situación de emergencia que hará que el dinero de ayuda fluya a un pequeño grupo de políticos. A pesar de la furiosa pandemia, el 17 de marzo Haití declaró el cierre de sus aeropuertos, pero los dejó abiertos a vuelos hacia y desde los EE.UU. y Cuba. Las deportaciones desde los EE.UU., incluyendo una reciente de Louisiana, continúan. Un contingente médico cubano de 1.500 personas salió de Haití el 22 de marzo para atender a los enfermos cubanos, los pasajeros de un crucero y los enfermos italianos. Esta fue una noticia terrible, porque las brigadas de salud cubanas han sido la principal protección de los haitianos de las ONG de salud. Tales ONGs, en su mayoría, no están cualificadas. Además, a menudo son depredadoras y están menos interesadas en curar a los enfermos que en realizar pruebas de medicamentos para las grandes compañías farmacéuticas occidentales. Después de un breve cierre, el 30 de marzo Haití reabrió sus fábricas de ensamblaje para fabricar batas y máscaras médicas. A pesar de la supuesta gran distancia entre las trabajadoras, esta situación reunió efectivamente a un gran número de mujeres en cajas con iluminación fluorescente y una ventilación espantosa. El gobierno también optó por desplegar su Distribución de Identificación Nacional alrededor de la misma época, obligando a largas filas de personas a permanecer juntas durante horas.

¿Por qué un gobierno estaría tan ansioso por matar a sus propios ciudadanos? Creo que el incentivo es el lucrativo negocio de suministrar sujetos humanos a las grandes compañías farmacéuticas occidentales para sus ensayos de drogas y vacunas. El 2 de abril, Haití recibió 20 millones de dólares del Banco Mundial, que exigía muertes por COVID-19 como condición previa a su donación.

De hecho, la vigilancia de muertes ha comenzado de nuevo en Haití, esta vez para COVID-19 en lugar del cólera que se permitió matar a 10.000 personas. Hasta ahora, dos personas han muerto por la infección viral y la negligencia humana: un abogado de 55 años del Ministerio de Justicia y una mujer no identificada de 69 años. La causa de la primera muerte está siendo impugnada por la familia del hombre. El hecho de que sea o no correcta no merece la atención, porque la mayoría de las noticias del país son un tejido de mentiras. Hasta el 7 de abril, sólo se habían hecho 270 pruebas, aunque el Ministerio de Salud Pública y Población (MSPP) supuestamente tenía en su poder 2.000 pruebas y ordenó 10.000 más. La mayoría de las pruebas fueron administradas a políticos — y sin duda también a sus familias y amantes — por orden del primer ministro, que exigió pruebas a todos los ministerios del país. De hecho, 187 de esas 270 pruebas fueron en el Departamento Oeste, donde esta la ciudad capital y los políticos.

Decir que la pandemia de COVID-19 se agrava por los problemas sociales es una subestimación. En Haití, por ejemplo, las remesas de la diáspora representan alrededor del 30% del PIB, pero en todas partes la diáspora está perdiendo sus empleos debido al cierre de la economía global. Haití es un lugar en el que la gente camina durante kilómetros y luego hace cola durante horas para comprar su agua, donde incluso los mercados callejeros venden principalmente productos importados y productos secos, y donde el tipo de cambio se ha deteriorado de 75 a 100 gourdes haitianos por dólar estadounidense. El Ministro de Obras Públicas dice que está listo para enterrar de 1.000 a 1.500 personas. El escenario para Haití es bastante análogo al de la mayoría de los países en desarrollo, con sólo cambios en los detalles. Esperemos que los pobres entierren primero a sus gobiernos.

Notas del editor: La Dr. Dady Chery es Profesora Asociada de Biología, Co-Editora Jefa del News Junkie Post, y autora de We Have Dared to Be Free: Haiti’s Struggle Against Occupation.

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